viernes, 22 de mayo de 2009

Día 12 - Las consecuencias de ir en contra de la propia naturaleza (II)

Vamos, Agustina, pensá. No puede ser que seas capaz de resolver problemas matemáticos complejos pero no de inventar una excusa simple.
- Me la saqué para bañarme y me olvidé de ponérmela cuando salí – mentí.
- ¿Sí? Yo toda la vida me bañé con ella puesta – dijo, desafiante.
- Ay, no, me da miedo. Viste que con el jabón todo resbala, se te puede salir o algo…
- Mirá que no, eh.
Obvio que no. Acabo de decir lo primero que se me ocurrió.
- Bueno, qué se yo, pensé que había que tener precaución. Todo esto es nuevo para mí, tengo muchas cosas que aprender todavía – dije, tratando de cubrirme para futuras metidas de pata.
- Sí, me imagino. ¿Y qué tal la vida de casada?
¿Por qué no me preguntás qué tal el sexo también?
-Y, todavía me estoy acostumbrando a la convivencia, pero por ahora venimos bien - contesté.
- Sí, es difícil vivir con alguien, sobre todo al principio. ¿Y con el departamento nuevo cómo vas? ¿Qué viniste a comprar?
No tengo idea. Vine a ver que se me ocurría cuando estuviera frente a la góndola.
- Y, algo para comer - mentí, para evitar preguntas. -Mirá, Mónica, no te lo tomes a mal pero estoy re apurada.
- Sí, andá tranquila. Bueno, un gusto verte- dijo, mientra me saludaba.
- Lo mismo digo - dije, con una sonrisa extremadamente falsa.

Salí del pasillo con las manos vacías y terminé comprando leche y algunas provisiones en el rubro alimenticio. No podía volver y arriesgarme a encontrármela de nuevo, así que la compra de los productos de limpieza quedó postergada por tiempo indefinido.

Un día y dos bolsas de facturas después, sigo temblando cada vez que suena el teléfono y rezo porque en el identificador de llamadas no diga "mamá".

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