jueves, 21 de mayo de 2009

Día 11- Las consecuencias de ir en contra de la propia naturaleza (I)

Estuve pensando y decidí seguir el consejo de Mariana. Así que llamé al número que me pasó y le pregunté a la nueva María cuándo podía venir. Me dijo que esta semana anda bastante ocupada y que recién puede venir el martes.
Lo que me pregunté cuando corté es si debía tratar de poner la casa más o menos en orden para cuando viniera, o si dejarla como está y que ella se encargue. Obviamente, soy una completa inútil, así que opté por la segunda. Lo que me di cuenta después, es que tengo que comprar productos de limpieza sí o sí, porque no tengo absolutamente nada.

Así que me propuse armar una listita con las cosas que tengo que comprar. No tenía idea de que poner, así que empecé a buscar inspiración.
Me tiré en mi colchón y empecé a mirar alrededor. Bueno, veamos, el piso. ¿Qué se usa para limpiarlo? En principio, una escoba, supongo. Puse "escoba o similar" en la lista. Todavía no tengo idea de que puede venir a ser el "similar", pero supuse que una vez en el supermercado se me ocurriría.
¿Qué más? Los vidrios, sí. Agregué "limpiavidrios y algo con lo que pasarlo, posiblemente una franela".
Seguí mirando todas las cosas que se encontraban en mi cuarto. Cuando vi la tele, me acordé de María en mi casa vieja limpiándola con una franela, así que en la lista arriba del punto anterior, saqué una flecha de "franela" y agregué un dos.

Con la sensación de estarme olvidando de algo, fui hasta la cocina en busca de más elementos para agregar. Me alegré cuando vi el detergente y la esponjita, y pensé que capaz que todavía tengo esperanza. Algún artículo de limpieza había, por más que use platos descartables para no tener que recurrir a él.
Después miré el horno, todavía sin estrenar. Me estaba enfrentando a lo desconocido. ¿Habrá un producto específico? Supuse que nuevamente, obtendría la respuesta en el supermercado, así que anoté "averiguar con qué se limpia el horno".
Bueno, suficiente. A comprar, entonces.

Bajé al supermercado y fui hasta la góndola que me daría las respuestas que estaba buscando. Recién había sacado de la cartera la listita cuando divisé a lo lejos a Mónica, la mejor amiga de mi madre. Me agaché y me escondí atrás del carrito en un intento desesperado de que no me viera, pero justo vino para el lado donde yo estaba.

- Agustina! ¿Cómo andás? ¿Y qué hacés ahí? – preguntó y se rió al verme prácticamente tirada en el piso.
- Eh…estaba tratando de agarrar algo del estante de más abajo.
Por favor, que se vaya, antes de que me empiece a preguntar por Martín.
- Sí, claro – dijo, en un tono burlón. Y mientras estaba pensando qué decir si me preguntaba por Martincito, me di cuenta de un problema mucho mayor: no tenía la alianza puesta. Se ve que me leyó el pensamiento, porque en seguida me miro la mano y preguntó:
- ¿Tu alianza?

7 comentarios:

  1. ¡No me podés hacer reír tanto! Yo era igual a vos, pero aprendí y mi casa se banca la ausencia de María (¿no es genial su nombre de verdad?) como diez días.
    Tendrías que comprar, como muy básicos:
    limpiavidrios
    lavandina
    limpiapisos
    trapo de piso
    trapo rejilla
    franela
    limpiador cremoso, tipo cif
    aerosol para la madera, tipo blem

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  2. Jajaja, te das cuenta de que me había olvidado por lo menos de la mitad de los elementos de la lista?
    Qué desastre, por dios!

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  3. No hay que comprar limpiador en polvo, son un horror

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  4. lo q es q hagan todo por vos.. yo, lamentablemente tb desde los 11 años veia a mis viejos desp de las 20.00.. y hacia a la par de ellos todo lo q de la casa.. suena ridiculo como lo planteas.. y hasta me da un poco de verguenza ajena.. disculpa, es lo q me produjo leer esto

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  5. jajajaja... me amto d ela risa con tu blog... yo también soy bastante inutil en cuanto al hogar... por lo mismo, mis viejos no me tienen mucha ''fe'' cuando piensan en mi viviendo solo...

    bye

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