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miércoles, 26 de agosto de 2009

Día 108 - Too little, too late (I)

Como se deben imaginar, esto de mantener las apariencias con respecto al matrimonio no es nada fácil. Tengo cubierto el tema de por qué me casé, pero cada vez que surgen otros temas me cuesta enfrentarlos. Cuando me preguntan por la convivencia, por ejemplo, digo que me encanta, cuando en el fondo la idea de vivir con otra persona me asifixia. Me cuesta concebir la idea de pasar tanto tiempo con otra persona, dormir con el otro, levantarte con él, volver del trabajo y que esté ahí, etc. Pero, por el bien de mi plan, empiezo a inventar y por lo general me sale bastante bien. Se podría decir que tengo buena imaginación, lo cual ayuda muchísimo en estas situaciones.


Otro tema complicado es el de la alianza. Uno de los primeros días desde que me mudé al departamento, bajé hasta el super y me encontré a Mónica, la mejor amiga de mi madre, que vive a muy pocas cuadras de acá. Recién me había levantado, y no se me ocurrió ponérmela. Logré pilotearla, pero no sé si se creyó del todo lo que le dije. Igual, mi madre nunca me dijo nada así que asumo que no hablaron del tema.

En el día a día, el tema de la alianza es todavía más complicado. En la facultad soy soltera, porque quise evitar contarle la historia a mis compañeras para que se enterara la menor cantidad de gente posible de mi plan. En el trabajo, en cambio, soy casada porque es mi estado civil y así figura en los contratos. Es decir, que tengo que estar siempre muy pendiente de la alianza.

Ayer de tarde, pasó el vecinito a saludarme. No sé que tema había habido en su oficina, que los dejaron irse antes a todos. Primero me alegré, pero al rato maldije su venida. Como yo había llegado recién del trabajo, ni tuve tiempo de sacarme la alianza. Estaba tranquilísima tomando un café cuando sonó el timbre y ni siquiera reparé en el hecho de que según mi mano, yo era una mujer casada.

Lo invité a sentarse y le ofrecí un café. Me aceptó, por lo que me puse a preparárselo. Cuando terminé, me senté al lado suyo y me dispuse a terminar el mío. No pasaron ni dos minutos entre que apoyé el culo en la silla y que Sebastián lanzó la tan temida pregunta.
- ¡¿Tenés una alianza?!



Les pido disculpas, pero paso algo y no se si voy a poder seguir escribiendo todos los dias, al menos por la proxima semana. Igual voy a hacer todo lo posible porque no quiero dejarlos con la intriga. Pero mi abuelo no esta del todo bien, y hago lo que puedo. Cuando pueda retomre las actividades habituales de escriir y pasar por los blogs. Saludos a todos

martes, 2 de junio de 2009

Día 23 - El macho de Rebecca

Ayer sonó el teléfono. Miré el identificador de llamadas y decía "casa vieja".
- ¿Hola? - dije, con miedo.
- Gorda! – reconocí la voz de mi hermano y al fin pude respirar.
- Cerdo, ¿Qué hacés?
- Estoy estudiando un poco antes de ir al gimnasio. ¿Vos?
- En la misma, salvo por la parte del gimnasio, jajaja.
- Típico. Y como te conozco puedo asegurar que desde que te mudaste no prendiste el horno.
- Por supuesto que no. ¿Cómo anda todo por allá?
- Bien, pero te llamé por algo en particular.
- Ay, no. Mónica habló con mamá, ¿no? - pregunté con miedo.
- ¿Mónica?- se extrañó.
- Sí, me la encontré una vez en el super sin la alianza puesta y pensé que le había dicho a mamá. ¿No era eso?
- No, pero sos una imbécil. No te podés arriesgar así!
- Fabián, por favor. ¿Cuáles eran las probabilidades de encontrármela?
- Vos y tus probabilidades...
- Jajaja. Ahora estoy armando un modelo para calcular las chances de encontrarme de nuevo con un vecino que me gusta. Otro día te cuento la historia. ¿Qué me ibas a decir?
- Bueno, sentate. ¿Preparada?
- Dale, Fabián. Decime de una vez!
- Escuchá bien. La abuela tiene novio.
- ¿¿¿Qué???
- Si, y quiere hacer una cena el miércoles en la casa para presentarlo.
- ¿¿¿Qué??? ¿Vas a ir?
- Sí, no tengo más remedio. Pero...
- No, chiquito. Ni lo pienses - dije, leyéndole el pensamiento.
- Dale, vení conmigo. No puedo sobrevivir una comida así sin vos. ¿Con quién me voy a burlar de las idioteces que dice el tío Daniel?
- Me llamás después y nos burlamos juntos.
- No, dale, vení. Además me debés un favor.
- ¿Eh?
- Sí. ¿Te acordás de una vez que María no estaba y había un plato todo sucio como con aceite y huevo y lo lavé yo? En el momento establecimos que me debías una.
- Bueno, pero igual. Ese plato de mierda no es equivalente a una cena familiar. Además, me estarían preguntando toda la noche sobre el departamento y la vida de casada.
- No, justo ese día no. El centro de atención va a ser el macho de Rebecca.
- El macho! Jajajaja.
- En serio, Agus. Podrías aprovechar para comer algo decente. ¿Hace cuánto que no comes algo que no sea fideos?
- Hace mucho, pero no importa. ¿Aparte con Martín que haría? No lo puedo hacer pasar por otra cena. Todavía me sigue recriminando lo que fue su presentación a la familia.
-Nada, decís que los miércoles juega al fútbol con los amigos. Pero gorda, decime si no te da un poquito de curiosidad saber cómo es el tipo. O sea, ¿qué clase de persona quiere pasar tiempo con la abuela voluntariamente?
- Jajaja. No sé si lo tenés claro, pero nos vamos directo al infierno.
-Me importa muy poco. Bueno, ¿venís?
- Con una condición. Se cancela el favor del plato, y además me pasás a deber uno vos.
- Me sirve. Un placer hacer negocios con usted.

viernes, 22 de mayo de 2009

Día 12 - Las consecuencias de ir en contra de la propia naturaleza (II)

Vamos, Agustina, pensá. No puede ser que seas capaz de resolver problemas matemáticos complejos pero no de inventar una excusa simple.
- Me la saqué para bañarme y me olvidé de ponérmela cuando salí – mentí.
- ¿Sí? Yo toda la vida me bañé con ella puesta – dijo, desafiante.
- Ay, no, me da miedo. Viste que con el jabón todo resbala, se te puede salir o algo…
- Mirá que no, eh.
Obvio que no. Acabo de decir lo primero que se me ocurrió.
- Bueno, qué se yo, pensé que había que tener precaución. Todo esto es nuevo para mí, tengo muchas cosas que aprender todavía – dije, tratando de cubrirme para futuras metidas de pata.
- Sí, me imagino. ¿Y qué tal la vida de casada?
¿Por qué no me preguntás qué tal el sexo también?
-Y, todavía me estoy acostumbrando a la convivencia, pero por ahora venimos bien - contesté.
- Sí, es difícil vivir con alguien, sobre todo al principio. ¿Y con el departamento nuevo cómo vas? ¿Qué viniste a comprar?
No tengo idea. Vine a ver que se me ocurría cuando estuviera frente a la góndola.
- Y, algo para comer - mentí, para evitar preguntas. -Mirá, Mónica, no te lo tomes a mal pero estoy re apurada.
- Sí, andá tranquila. Bueno, un gusto verte- dijo, mientra me saludaba.
- Lo mismo digo - dije, con una sonrisa extremadamente falsa.

Salí del pasillo con las manos vacías y terminé comprando leche y algunas provisiones en el rubro alimenticio. No podía volver y arriesgarme a encontrármela de nuevo, así que la compra de los productos de limpieza quedó postergada por tiempo indefinido.

Un día y dos bolsas de facturas después, sigo temblando cada vez que suena el teléfono y rezo porque en el identificador de llamadas no diga "mamá".

jueves, 21 de mayo de 2009

Día 11- Las consecuencias de ir en contra de la propia naturaleza (I)

Estuve pensando y decidí seguir el consejo de Mariana. Así que llamé al número que me pasó y le pregunté a la nueva María cuándo podía venir. Me dijo que esta semana anda bastante ocupada y que recién puede venir el martes.
Lo que me pregunté cuando corté es si debía tratar de poner la casa más o menos en orden para cuando viniera, o si dejarla como está y que ella se encargue. Obviamente, soy una completa inútil, así que opté por la segunda. Lo que me di cuenta después, es que tengo que comprar productos de limpieza sí o sí, porque no tengo absolutamente nada.

Así que me propuse armar una listita con las cosas que tengo que comprar. No tenía idea de que poner, así que empecé a buscar inspiración.
Me tiré en mi colchón y empecé a mirar alrededor. Bueno, veamos, el piso. ¿Qué se usa para limpiarlo? En principio, una escoba, supongo. Puse "escoba o similar" en la lista. Todavía no tengo idea de que puede venir a ser el "similar", pero supuse que una vez en el supermercado se me ocurriría.
¿Qué más? Los vidrios, sí. Agregué "limpiavidrios y algo con lo que pasarlo, posiblemente una franela".
Seguí mirando todas las cosas que se encontraban en mi cuarto. Cuando vi la tele, me acordé de María en mi casa vieja limpiándola con una franela, así que en la lista arriba del punto anterior, saqué una flecha de "franela" y agregué un dos.

Con la sensación de estarme olvidando de algo, fui hasta la cocina en busca de más elementos para agregar. Me alegré cuando vi el detergente y la esponjita, y pensé que capaz que todavía tengo esperanza. Algún artículo de limpieza había, por más que use platos descartables para no tener que recurrir a él.
Después miré el horno, todavía sin estrenar. Me estaba enfrentando a lo desconocido. ¿Habrá un producto específico? Supuse que nuevamente, obtendría la respuesta en el supermercado, así que anoté "averiguar con qué se limpia el horno".
Bueno, suficiente. A comprar, entonces.

Bajé al supermercado y fui hasta la góndola que me daría las respuestas que estaba buscando. Recién había sacado de la cartera la listita cuando divisé a lo lejos a Mónica, la mejor amiga de mi madre. Me agaché y me escondí atrás del carrito en un intento desesperado de que no me viera, pero justo vino para el lado donde yo estaba.

- Agustina! ¿Cómo andás? ¿Y qué hacés ahí? – preguntó y se rió al verme prácticamente tirada en el piso.
- Eh…estaba tratando de agarrar algo del estante de más abajo.
Por favor, que se vaya, antes de que me empiece a preguntar por Martín.
- Sí, claro – dijo, en un tono burlón. Y mientras estaba pensando qué decir si me preguntaba por Martincito, me di cuenta de un problema mucho mayor: no tenía la alianza puesta. Se ve que me leyó el pensamiento, porque en seguida me miro la mano y preguntó:
- ¿Tu alianza?