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jueves, 1 de abril de 2010

Epílogo

Acá, en este preciso momento, termina la historia que yo quería contar.

El día que me mudé al departamento nuevo, abrí el blog y durante ocho meses les conté diariamente sobre mi vida. Y ustedes, mis lectores, conocieron muchas facetas de mí y me vieron evolucionar desde ese día hasta hoy. Se habrán reído conmigo cada vez que pasé por un papelón, habrán compartido mis momentos de incertidumbre y se habrán emocionado con algunos hechos particulares. Y yo, en estos meses, me sentí acompañada por todos ustedes en cada cosa que hice.

Hubo muchos momentos en los que me pareció que había cosas que sólo les podía contar a ustedes, de quienes me sentí más cerca que mucha gente de mi "mundo real". Diariamente leí sus comentarios, sus consejos y muchas veces fueron ustedes los que me hicieron animarme a hacer distintas cosas. Supieron consolarme en momentos tristes y brindarme ayuda en distintas situaciones. Por todo esto, les agradezco infinitamente.

De cualquier manera, siento que el blog tiene que terminar acá, con una especie de final feliz. Con Martín y yo juntos, con un bebé en camino y con una vida nueva y llena de hojas en blanco para llenar. Mi vida, a partir de ahora, ya no es la de una soltera que se mudó de la casa de papá y mamá y tiene que aprender a hacer todo sola. Lo que me espera a partir de este momento son retos mucho mayores y totalmente distintos, por eso siento que la vida nueva en la que pensé cuando abrí el blog, cambió de rumbo.

Tal vez me haga falta escribir cada tanto, y decida actualizarlos periódicamente sobre mi vida. Pero por ahora me voy a dedicar a cuidar de mi nueva familia, en mi nuevo departamento. El de noventa metros cuadrados.

Los quiero,
Agus.

martes, 19 de mayo de 2009

Día 9 - "Suciedad"

Valentina tiene -aunque no lo admita- un fuerte rechazo hacia el sexo. Su interacción con los hombres es siempre en calidad de amistad, salvo por Manuel, un compañero de colegio con el que se dio un beso la única vez que salieron. Ella todavía cree en el príncipe azul. Piensa que hay alguien que es para ella, y que están destinados a conocerse, entonces esa persona "va a aparecer cuando tenga que aparecer". En el ínterin, no hace nada para atraerle a los hombres. Se viste con ropa que no la favorece en los más mínimo, tiene más de veinte kilos de sobrepeso y actúa como un hombre entre sus amigos. Eructa, habla de que cada vez que va al baño "se saca dos kilos de encima" y dice que no entiende porque transpira tanto. Y después se queja de que todos la ven como un amigo más. Y, para ellos, lo es.
Esta actitud es, en mi opinión, un mecanismo de defensa para no enfrentar el tema del sexo. Al no atraerle a los hombres, no se pone en la situación de que quieran acostarse con ella y de esa manera evita tener que decidir que hacer.

Adoptar esa actitud es un tema de ella, pero el problema es que considera que todos tienen que pensar de la misma manera.

Hoy me llamó a ver que estaba haciendo -para testear que Martín no estuviera- y dijo que venía un rato a mi casa. Cuando llegó, se descalzó y se tiró en el sillón. En seguida se paró, como si se hubiera pinchado la cola con un alfiler.
- Agus... ¿vos estuviste con Martín en este sillón?
-No, ¿por qué?
-Ay, no sé...me daría cosa sentarme. Olvidate de que me acerque a tu cama- dijo mientras ponía cara de asco.
-Hacé lo que quieras.
-¿Dónde lo hicieron? -preguntó mientras miraba alrededor.
- ¿Eh?
- Sí, quiero saber qué partes del departamento evitar.
- Podés irte si querés.
- No, a menos que lo hayas hecho en todos los rincones de la casa...
-¿Qué mierda te pasa? -pregunté histérica.
-¿Qué mierda te pasa a vos? Te casaste con un tipo que no amás para que te regalen un departamento!
- ¿De eso se trata todo esto, entonces?
- Sí, lo único que te importa es tener un lugar para tener sexo!
- No entendés nada. Andate, por favor.
-¿Yo no entiendo nada?
-Sí, no entendés. Sos igual a mi madre, tenerte cerca es como tenerla a ella cerca y por algo me mudé. Andate.
- Me voy. No quiero estar en una casa "sucia".
- Lo único que tiene de sucia esta casa se debe a que no sé limpiar! - grité.

Y se fue. Lo bueno de vivir sola es que si vuelve le clavo un cuchillo, tiro el cuerpo por la ventana y no hay nadie que me pueda delatar.

lunes, 18 de mayo de 2009

Día 8 - Eight days a week, are not enough to keep my house clean

Hace ocho días que vivo acá y todavía no logro tener la casa en un estado aceptable. Tengo que buscar, urgentemente, una forma de organizarme para tener la casa en orden. Se me ocurrió asignar tareas para cada día.

El plan podría ser el siguiente:
Lunes. Limpiar y ordenar el cuarto y cambiar las sábanas.
Probablemente esté horriblemente desordenado porque ni el sábado ni el domingo me esforcé por mantenerlo decente, y hay que empezar la semana de buena manera. Y las sábanas hay que cambiarlas una vez por semana, eso lo sé.

Martes. Limpiar el comedor y el baño.
No hay explicación.

Miércoles. Cocinar y limpiar el desastre posterior.
Siempre llego tarde a casa y termino comiendo sandwiches de atún o fideos. Acepto ideas.

Jueves. Pasar la aspiradora y limpiar el baño de nuevo.
Primero tengo que tenerla, pero para que quede el itinerario armado la dejo.

Viernes. Lavar ropa y cocinar algo más.
Se acumuló en la semana, y es necesario tenerla limpia para el lunes. Y sigo viviendo a fideos. Si vuelvo a ver un paquete me pego un tiro.

Sábado. Planchar y volver a limpiar el baño.
Tampoco hay explicación.

Domingo. Cocinar algo rico.
Por "rico" quiero decir "con chocolate". Quiero aprender a hacer brownies, pero tengo miedo de lo que pueda llegar a pasar.

Debo decir que me encantaría decirle a María que se viniera una vez por semana, aunque sea un ratito, y que me ayudara. Y por "ayudara" quiero decir que hiciera lo que puse en la lista para el lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Es decir, todo. Y además que me enseñe a cocinar, que es lo que menos me molesta hacer.

¿Será mucho pedir?

domingo, 17 de mayo de 2009

Día 7 - Good morning sunshine (II)

Después de que Valentina tocó la puerta me acerqué hasta el baño y le dije bien bajito a Martín:
- Decime que sólo hiciste "el número uno".
- Jaja, sí. ¿Quién es?
- Valentina, se piensa que vive acá. No tires la cadena y salí despacito.
- ¿Qué quiere? -preguntó Martín mientras abría la puerta del baño.
- No sé, no sé. Busca cualquier excusa para venir, se instala y después no sé como sacármela de encima. Hagamos silencio, que piense que no estoy.
- No ganás nada con eso, tenés que decirle que te molesta. Si no hacés algo ahora va a ser cada vez peor.

Golpeó de nuevo.
- Agus, soy yo, abrime. Agus! No puedo creer que sigas durmiendo. Agustina!!!

Agarré a Martín del brazo y lo llevé hasta la cocina.
- Tengo una idea. ¿Te molesta que te vea en boxers?
- Para nada.
Me saqué el jogging, la campera, la polera y quedé en ropa interior. Me acerqué hasta la puerta, y le abrí en corpiño y bombacha.
- Hola! Nos estábamos recién levantando - y abrí la puerta para que viera también a Martín en paños menores.
- Ay, no sabía que tenías compañía - dijo, y se puso colorada.
-Sí, pero no pasa nada. Íbamos a desayunar, acompañanos.
- Sí, vení - dijo Martín, cómplice.
- No, no. Desayunen ustedes y vuelvo más tarde.
Miré a Martín sin saber que más decir con la esperanza de que él sí.
- Vale, no te lo tomes a mal, pero ya habíamos quedado que hoy íbamos a pasar todo el día tirados. Alquilé la primer temporada de House y teníamos planeado mirarla en la cama - me salvó Martín.
- Ah, bueno. Hablamos mañana, entonces? - me miró, confundida.
- Sí - murmuré, tratando de esconder mi falta de ganas.
- Bueno, chau a los dos. Que se diviertan - dijo molesta mientras se iba.

Hoy a la mañana me llegó un mensaje suyo:
"No entiendo, ahora hacés planes con Martín? Pensé que lo de ustedes era sólo sexo."
Respondí con una mentira:
"Es, pero me dijo que quiere que nos veamos más seguido. Recién ahora que tengo el departamento tenemos la posibilidad."

No contestó. Creo que ahora va a pensarlo dos veces antes de venir sin avisar.

sábado, 16 de mayo de 2009

Día 6- Good morning sunshine (I)

Dormí con Martín por primera vez en años y descubrí -con horror- que es de los que ocupan toda la cama. No estaba en mis planes que se quedara, pero no le dije nada. Ya bastante hizo por mí.

A eso de las nueve me levanté despacito, me hice un café y prendí la computadora. Mientras leía, lo miré dormir y se me ocurrió que podría ser una buena idea comprarle algo rico y llevarle el desayuno. Me vestí tratando de hacer el menor ruido posible, me lavé los dientes y me puse las zapatillas. Cuando estaba a punto de agarrar la cartera, sonó el timbre.
¿Quién mierda toca timbre a las 9.30 un sábado?
Sonó de nuevo.
No pienso contestar.
Lo desconecté. Dos minutos después me sonó el celular. Como suponía, era Valentina. Ignoré la llamada, así que me dejó un mensaje de voz:
"Agus, despertate! Ya son casi las diez! No tengo nada que hacer, así que vine a ver en que andabas. Voy a dar unas vueltas por acá así hago tiempo hasta que te levantes."

Primero pensé en quedarme, para evitar cualquier posibilidad de cruzarme con ella. Pero ya tenía hambre y la idea de facturas recién hechas era demasiado tentadora.
Así que me puse el jogging más viejo que encontré, una campera con capucha y me tapé toda la superficie posible de la cara con una bufanda y lentes negros. Le dejé una cartita a Martín, bajé, y salí por la puerta de atrás del edificio.
Compré jugo de naranja, galletitas de chocolate y las gloriosas facturas. También llevé unas hamburguesas congeladas, un paquete de puré, y unas latas de atún por si tenía que recluirme por tiempo indeterminado.
Volví a mi casa lo más rápido que pude, mirando para todos lados para asegurarme de que no hubiera señales de Valentina. Cuando abrí la puerta de mi casa supe que estaba a salvo. Apoyé las bolsas en la mesa de la cocina y fui hasta el cuarto.

Martín se estaba despertando justo cuando entré. Debe haber estado, por lo menos diez minutos, sin poder parar de reírse.
- ¿Me podés explicar qué hacés vestida así?
- Jaja, no, es largo. ¿Tenés hambre?
- Sí, un poco. ¿Qué trajiste?
- Sorpresa! Dame dos minutos.

Me fui para la cocina a preparar todo y escuché que Martín se levantaba para ir al baño. Mientras luchaba para abrir el jugo de naranja, tocaron la puerta.
Dios, lo único que faltaba.

viernes, 15 de mayo de 2009

Día 5 - Preocupante

Cuando empecé a usar el coche, enseguida me di cuenta de que la gente piensa que cuando comprás un auto también adquirís una obligación, la de llevar a su casa a quien te lo pida. Cada vez que iba a un lugar -ya fuera la facultad, el trabajo, un cumpleaños o una salida cualquiera- siempre alguien se me acercaba y me decía "Ay, no te quiero joder, pero no te animás a arrimarme hasta casa?".

Lo que nunca me imaginé, es que la historia se iba a repetir cuando comprara un apartamento.

Me mudé para acá el domingo, hoy es viernes y mi amiga Valentina ya vino tres veces sin avisar. El primer día fue el lunes, con la excusa de que no soportaba más a sus padres y "quería estar un rato tranquila". Después tocó el timbre de abajo el martes a ver si podía subir porque "justo había estado haciendo unos trámites acá cerca". Y ayer de noche directamente tocó la puerta, con una coca light en la mano y pronunció "mirá que buena que soy, vi que no tenías coca y te fui a comprar".

Antes de que tocara el timbre, yo estaba tirada en mi colchón, leyendo blogs en bombacha. Ya me puso de mal humor tener que vestirme para abrirle, pero sin duda lo peor vino después. Se tiró en mi sillón nuevo, se descalzó, apoyó los pies sobre la mesita (nueva también) y prendió la tele. Veinte minutos después se paró, abrió la heladera, la cerró y volvió a tirarse en el sillón.
- Agus...tengo hambre y no tenés nada para comer.
- Hay fideos.
- ¿Fideos? ¿No comimos ya el otro día?
- Sí, ¿y? No es novedad que no sé cocinar -dije, un poco molesta.
- Ay, y si pedimos algo?
- No sé, ando medio corta con la plata, recién me pagan la semana que viene y...
- Dale - me interrumpió. - Sólo por hoy.
- Bueno. Qué querés, pizza?
- No, pizza comí ayer.
- Bueno, decime.
-Ay, no sé, dame alguna otra opción -dijo, mientras se servía coca sólo para ella.
- Pero sos vos la que quiere pedir!
- Bueno, bueno. Tengo ganas de milanesa con papas fritas. ¿Llamás vos?
- No, llamá vos! Yo estoy leyendo unas cosas.
- Ay, que mal humor, Agustinita. Yo llamo si es tanto problema.
- Sí, llamá vos - contesté.
- Ah, una cosita más. Me gasté toda la plata que tenía comprando la coca, así que hoy pagás vos.

Y yo me pregunto... ¿cómo hago para que entienda que me mudé sola para estar, precisamente, sola?

miércoles, 13 de mayo de 2009

Día 3 - Análisis costo-beneficio

Mientras me preparo el café, disfruto de la tranquilidad de mi nuevo hogar. Me doy cuenta de cuanto me gusta este departamento. No sólo el lugar, sino el silencio, la soledad, la libertad.
Por otro lado, debo decir que tener mis 48 metros cuadrados tuvo su precio. Uno bastante caro, y no exactamente en términos monetarios.

Desde los trece años mi abuelo me decía en cada cumpleaños: para el de los dieciocho te regalo el auto. Yo cumplí la mayoría de edad, y el cumplió su parte. Mientras estábamos almorzando en mi casa vieja me dijo "tengo una sorpresa para vos". Bajé y ahí estaba -mi bebé- un Corsa sedán gris, envuelto con una enorme moña roja.
-Es el mejor regalo que recibí en mi vida.
- Yo sé que es lo que querías, chiquita. Más adelante vamos a hablar de un departamento.
- ¿En serio? ¿¿¿Cuándo???
- No te adelantes. Sabés que lo que yo digo lo cumplo, pero todavía no es el momento.

"El momento" llegó hace más o menos cuatro meses, pero con una condición:
-Cuando te cases te regalo el departamento. Quiero que encuentres un "buen muchacho"- dijo. Apoyé la hamburguesa que estaba comiendo y lo quedé mirando fijamente.
-No tengo novio - le dije sin entender como pretendía que me casara.
-Ya vas a encontrar. Una chica como vos consigue cuando se lo propone.

Podría haberle contestado un millón de cosas. Que tengo sólo 21 años, que no sabía si alguna vez me iba a querer casar , que tenía planes de viajar por el mundo y no estar atada a nadie, que no me veía conviviendo con otra persona.

Pero en vez de eso, hice un análisis costo-beneficio, tan común en mi carrera. Pensé en las ganas de vivir sola, de no soportar más a mi madre todos los días, de no tener la obligación de ir a los cumpleaños familiares ni seguir las tradiciones judías.

Y me casé con Martín, mi "amigo con derechos".

martes, 12 de mayo de 2009

Día 2 - Plato del día: fideos

Desde que me mudé, vivo a fideos. Es eso o comida de supermercado. El hecho de que yo sea una completa inútil en la cocina -que recién ahora se presenta como un problema -tiene una explicación absolutamente racional.

Siempre tuvimos una María. Antes era Mariela, y cuando eramos chicos Claudia, pero siempre estuvo la figura de la empleada doméstica que vivía con nosotros y se encargaba absolutamente de todo.
María llegaba a mi casa vieja los lunes de mañana y se iba los sábados al mediodía. Entre semana nos preparaba el desayuno, el almuerzo, la cena y cuando se iba nos dejaba pronta comida para el sábado de noche. Los domingos al mediodía salíamos a comer con el resto de la familia, y de noche pedíamos pizza.

Es por eso que ninguno de los integrantes de la familia necesitó -ni quiso- aprender a cocinar. Mis padres llegaban del trabajo a las 8 de la noche, yo estudiaba y trabajaba y mi hermano bueno, iba a facultad. Llegábamos cansados y queríamos tener siempre la comida pronta. Y la teníamos.

Ahora, mientras decido entre fideos de nuevo o unas milanesas prontas horribles que compré, me pregunto que estarán comiendo en mi casa vieja. Seguramente María haya preparado alguna de sus especialidades, como carne a la cacerola con cebollita y arroz, y deben estar todos sentados en la mesa, comiendo en platos decentes y tomando coca light.

Y yo me pregunto...¿no podrán hacer un poquito más para mí y mandármelo en un taper?

lunes, 11 de mayo de 2009

Día 1 - Trouble in paradise

Al principio de un capítulo de Desperate Housewives, la voz en off de Mary Alice Young decía que el mundo se divide en dos tipos de personas: aquellas que son completamente inútiles hasta que toman su taza de café matutina, y las que no.

Ayer me fui a dormir feliz pensando que tenía todo lo que necesitaba. El choque con la realidad lo tuve hoy de mañana cuando abrí la heladera y me di cuenta de que estaba completamente vacía.
Nota mental: la leche no aparecía mágicamente en la otra casa, alguien se encargaba de ir a comprarla.

Como resultado de la falta de mi adorado cafecito, llevé a la facultad los cuadernos equivocados y dejé en el apartamento los que necesitaba. Cuando volví a mi hogar dulce hogar estuve una hora y media pasando los apuntes de las distintas materias a los cuadernos correspondientes.

Como medida para prevenir episodios similares, pasé por el almacén y compré tres litros de leche descremada y cinco litros de leche descremada larga vida para guardar.

Lección del día: Mientras no tenga poderes mágicos, tendré que hacer las compras como el resto de los mortales.

domingo, 10 de mayo de 2009

Home sweet home

En estos 48 metros cuadrados que conforman mi nuevo hogar, lo único que tengo por el momento es: una heladera, un microondas, algunos platos descartables, mi taza de I love NY, un colchón y algo de ropa.

Y, por ahora, es todo lo que necesito.