lunes, 10 de agosto de 2009

Día 92 - Familia de machos (continuación)

Por suerte, mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando volvió Seba, quien me llevó de vuelta con sus amigos hombres. Respiré aliviada.

El hecho de que me lleve tan bien con los hombres radica en que la mayor parte de mi familia está compuesta por entes del sexo masculino. A mi abuela paterna prácticamente no la conocí, porque tenía algún tema psiquiátrico, del cual nunca me hablaron. Solo sé que estuvo muchísimo tiempo internada, pero mi papá nunca me contó que era lo que tenía y tampoco quise preguntar. Supongo que debe ser doloroso para él hablar de eso.

Mi padre tiene tres hermanos: Julio, Mauricio y Gabriel. Julio es el único de los tres que tuvo un hijo. Hace 18 años, nació mi primo David. Al poco tiempo, se separó de su esposa, Alicia, a quien mi abuelo odia porque dejó de trabajar el día que se casó con mi tío.

Hay una foto, en la casa de mi abuelo de Punta del Este, en la que estamos mi abuelo y yo sentados en la mesa del patio. A nuestra derecha, está mi primo David y a nuestra izquierda, mi hermano. Parados atrás nuestro están mis tres tíos y mi papá. La única mujer en la foto es, por lo tanto, su humilde servidora.

Del otro lado de la familia, están mi tío Marcelo y mi tía Déborah. Con Marce me llevo bien, pero como les conté, mi madre y mi tía no se hablan hace más de diez años, por lo cual es como si no existiera para mí porque nunca la veo. A las cenas familiares que va una, falta la otra. No se pueden ni se quieren ver. Y, como consecuencia, yo tampoco la veo.

Como ven, mis parientes son, en su gran mayoría, hombres. Y las mujeres que hay -mi madre y mi abuela- no son exactamente mis personas preferidas. "Familia de machos" dijo una vez mi hermano, mirando la foto que mencioné antes.

En el taxi de la vuelta, Seba me dijo que le había caído bien a sus amigos. Prueba superada, pensé. Y agradecí, por primera vez en mi vida, ser parte de una familia tan peculiar.

domingo, 9 de agosto de 2009

Día 91 - Happy birthday to you

Seba me tocó timbre temprano, como a los nueve y media, para estar un rato juntos antes de ir al cumple. Pedimos pasta, la comimos, charlamos, cogimos, nos bañamos juntos y nos vestimos.
Como no sabía que ponerme, opté por lo más clásico. Jean, remera linda y chatitas. Seba aprobó mi conjunto, y me dijo que estaba linda.

Fuimos en taxi porque me dijo que quería tomar algo, le ofrecí ir en mi auto pero me dijo que no me preocupara. Mejor, a veces me da terrible fiaca manejar, sobre todo cuando es bastante lejos. Y se ve que era lejos, pero estuve tan concentrada en mis propios pensamientos durante todo el trayecto que ni me di cuenta. Estaba muy ocupada pensando en cómo actuar con los amigos, qué decir, etc.

Después de más o menos veinte minutos llegamos. Yo estaba nerviosísima. Entramos y llamamos al ascensor. Nos dimos besos mientras ibamos subiendo. Cuando paró en el décimo, me acomodé el pelo y chequeé mi maquillaje. Todo estaba en orden.

Me abrazó después de tocar timbre, lo cual vi como una buena señal, porque Fede nos vio así cuando abrió. Era lindo. Tenía el pelo castaño y los ojos marrones, igual que Seba.
Se abrazaron, mi vecinito le deseó feliz cumple y después me presentó. Yo sabía que este era un momento crucial, pero también sabía que los hombres ya son conscientes de esto, entonces le restan importancia. En vez de decir "mi novia" o lo que sea, te presentan por el nombre.
- Agus, Fede. Fede, Agus - dijo, mientras hacía los gestos correspondientes.
- Hola, Fede. Mucho gusto y feliz cumple - dije, y lo saludé con un beso en el cachete.

En seguida que entramos ya me sentí fuera de lugar. Era como si todas las chicas se hubieran complotado para vestirse igual, y dejar claro que yo era la diferente. A mi derecha, había un grupo de cuatro chicas, de las cuales tres tenían vestido con medias opacas y una short negro con medias opacas. A mi izquierda, un grupo de tres chicas. Una tenía una mini de jean con leggings y botas negras de caña alta. Otra vestido con medias negras y otra short.
¿Qué onda? ¿Nadie usa jean? ¿A donde me trajiste, Sebastián?

Primero me presentó a sus amigos. Pablo, quien me cayó simpático. Joaquín, quien me pareció medio tonto, pero igual me cayó bien. Y Francisco, quien me pareció un poco creído, pero nada grave.
Nos pusimos a charlar Fede, Seba, ellos tres y yo, de pavadas. La verdad es que me cagué de risa. Siempre me pasa con los hombres, en general les caigo bien, y se ríen de mis chistes. El tema mío son las mujeres, con las cuales en general las relaciones se complican. Por eso cuando mi vecinito me quiso presentar a sus amigas, la idea no me agradó mucho.

Me abrazó y me llevó a donde estaba el grupo de cuatro minas que estaban a nuestra derecha cuando entramos. A medida que me iba acercando a ellos, cada vez las veía más diferentes a mí. Las cuatro tenían el pelo castaño claro y ojos verdes. Yo soy morocha y de ojos marrones. Ellas tenían piel perfecta. La mía estaba medianamente bien debido al polvo. Ellas flacas, altas y muy bien vestidas. Yo, con jean y mi metro sesenta. Y no precisamente flaca.
- Agus, te presentó a Pili, Beli, Delfi y Mechi - dijo Seba, mientras las señalaba. Cada una me saludó, no sin antes recorrerme de arriba a abajo para posiblemente después hablar sobre mi ropa. Me parecieron las cuatro tan iguales, tan genéricas, tan insulsas. Las cuatro con el pelo largo y sin flequillo. Con cosas que marcaban la cintura. Y con zapatos de taco alto.

Casi lo mato a Seba cuando dijo que iba a buscar algo para tomar para los dos, y me dejó sola con las cuatro no-tan-fantásticas. Ellas tampoco parecieron alegrarse mucho, y no sé por qué pero me imaginé que probablemente alguna de ellas había tenido una historia con mi vecinito. Me acordé de mi grupo de amigos del colegio, en el cual éramos todos parejitas menos Valentina que estaba sola. Y supuse que en el caso de ellos pasaba lo mismo y por eso me miraban mal las cuatro.

La primer pregunta que me hicieron fue qué hacía viviendo sola a los veintiún años. Pili, la de short, dijo que se iba a ir de su casa recién cuando se casara. Beli, comentó que no se podría imaginar no ver a su mamá todos los días. Delfi agregó que su momento preferido del día era cuando se juntaba toda la familia a cenar. Mechi, acotó que ella sí consideraría irse de su casa, pero sólo si los padres la mantuvieran.

Les contesté, para resumir la historia, que me llevaba mal con mi madre y que la convivencia se había vuelto imposible. Ninguna me entendió, todas dijeron que se llevaban bárbaro con sus madres. Y las imaginé a las cuatro, tomando un café con sus madres y comiendo alfajores sin que les dijeran que estaban gordas. Contándoles a ellas de sus problemas amorosos, en vez de a María, como lo hacía yo. O capaz que ni siquiera tendrían problemas amorosos, porque siendo tan lindas, tan perfectas y tan distintas a mí probablemente ninguna de ellas se habría cruzado con un Martín.

Y, en el preciso momento que pensaba eso, me percaté de que en ese instante yo no era tan distinta de ellas. No tendría una buena madre, ni sería linda, ni flaca, ni alta. Pero al lado ya no tenía a un Martín, sino a un Sebastián, con todo lo que eso implica.

sábado, 8 de agosto de 2009

Día 90 - 21 questions

1. ¿Para qué me invitó al cumpleaños?
2. ¿Será que quería simplemente que lo acompañara?
3. ¿O, por el contrario, no hay nada simple en su invitación y lo hizo como una manera de formalizar?
4. ¿Por qué quiere formalizar ya?
5. ¿Y yo, quiero formalizar?
6. ¿Y si no quiero formalizar, por qué le dije que sí?
7. ¿Habré estado bien en decirle que sí?
8. ¿Por qué tengo tan pocas ganas de ir?
9. ¿Será sólo porque odio las reuniones o también porque tengo miedo de lo que esta en particular esté representando en nuestra "relación"?
10. ¿Y sí tengo miedo, por qué es?
11. ¿Una relación formal no es en teoría lo que todas queremos?
12. ¿Será de complicada que soy que no sé que es lo que quiero?
13. ¿O será que el vecino me gusta pero que en verdad no estoy para ser su noviecita?
14. ¿Y por qué no quiero ser su noviecita?
15. ¿Está mal que no quiera ser su noviecita?
16. ¿O se justifica por todo lo que me lastimó Martín?
17. ¿Y sí se justifica, igual está bien hacerle pagar a él los platos que rompió Martín?
18. ¿Por qué pienso en Martín?
19.¿Seguirá pensando él en mí?
20. ¿Por qué si ya elegí no puedo estar satisfecha con esa decisión, y siempre me tengo que concentrar en aquello que dejé atrás?
21. ¿Por qué no me dejo de joder con tantas preguntas y dejo que, simplemente, las cosas fluyan?

viernes, 7 de agosto de 2009

Día 89 - Heavy

Siempre tuve problemas de autoestima. Empezando por el hecho de que a partir de los ocho años me empezaron a torturar con mi peso (miro las fotos y no lo puedo creer, era FLACA) y siguiendo porque directamente nunca me sentí linda. En el colegio era la que siempre elegían última en todos los deportes porque era malísima, en la adolescencia sentía que era una narigona fracasada, y ya de adulta me veo un poco mejor, pero siempre van a quedar vestigios de como me sentí durante la mayor parte de mi vida.

Una de las cosas que me hizo modificar la percepción de mí misma fue - aunque parezca extremadamente superficial - la rinoplastia que me hice a los diecisiete años. Harta de mirarme al espejo todos los días y odiar a mi nariz profundamente, un día me acerqué hasta el cuarto de mi madre y le dije, firme: me quiero operar la nariz. La respuesta que me dio fue totalmente inesperada. Me dijo que ella nunca nos había contado a mi hermano y a mí, pero que a los dieciocho se había hecho la cirugía porque toda la vida se habían burlado de ella por su nariz. Me sorprendió, porque a mí me pasaba lo mismo. Cada vez que estornudaba, mis compañeros de colegio gritaban "huracán", "terremoto" o "se viene el apocalipsis".

A los pocos días mi madre sacó hora para una consulta y cuando me quise dar cuenta, estaba enfrente del cirujano, quien me explicaba que le iba a dar una forma recta para que quedara natural. Eso fue un lunes, y ese mismo jueves estaba entrando al quirófano con una gorra, una especie de túnica y algo parecido a unas pantuflas, que parecían zapatos de duende.

A la hora y media ya estaba en mi casa, donde me esperaba Fabi, quien se quedaba a cuidarme esa noche y la siguiente. Conociéndola, y sabiendo que me iba a cuidar bien, le pedí por favor a mi madre que no le contara de la operación a ningún miembro de la familia. Lo que menos quería era que vinieran a verme como si fuera un animal de circo, y que me hablaran de estupideces mientras yo no me podía ni mover.

Cuando llegué, me tiré en mi cama y de lo sedada que estaba me dormí. Cuando me desperté, Fabi estaba acostada al lado mío, limpiándome la sangre que salía en forma de gotitas desde la nariz. Me sonrió y me dijo que me había traído helado. Me alegré porque no había comido nada desde las once de la mañana, una hora antes de entrar al quirófano, y eran como las siete de la tarde. Me sirvió un poco, se sentó al lado mío y me lo empezó a dar en la boca. En ese momento apareció el diablo (mi abuela) y se acercó a donde estaba el envase del helado. Lo examinó, giró la cabeza hacia donde estaba mi amiga y trató de llamar su atención, gesticulando.

- Disculpame, chiquita, pero no tiene sentido que se haya operado la nariz, si va a seguir así de gorda. ¿No se te ocurrió que tenías que traer light?

jueves, 6 de agosto de 2009

Día 88 - Say hello to my beautiful friend, Fede

Ayer de tarde me dejó una cartita Seba, invitándome a ir a tomar café a su casa a la vuelta de nuestros respectivos trabajos.

Fui a eso de las 6, y ya tenía todo preparado. Había facturas, galletitas, jugo de naranja, alfajores, todo.
- Seba, sos perfecto, ¿sabés?
Perfectísimo. Sos lindo, y es lindo que siempre me invites con cosas ricas.
- Jajaja, ¿por qué?
- No sé, siempre me invitás a comer. ¡Y sabés que a mí me encantan estas cosas! Facturas, galletitas...
- Jajaja, ¿así que soy perfecto porque te alimento?
Ay, nena, siempre la cagás.
- No, me corrijo. Sos perfecto, y verte en situaciones donde hay comida involucrada te hace más perfecto aún.
- Bueno, acepto el cumplido - dijo, y me dio un beso. - ¿Te hago café?
Comida y café. Te amo, Seba.
- Dale, please.
- Bueno, te preparo. Che, Agus, te quería hacer una invitación. Espero que no me rechaces, proque no va a haber comida, jaja.
Mierda.
- Jaja, a ver...
- Bueno, el sábado es el cumple de Federico, un amigo, y tenía ganas de invitarte. ¿Querés venir?
No, Seba, please. No me hagas esto. Sos lindo, pero odio los cumpleaños, las reuniones, etc.
- Eh..., justo unas compañeras de trabajo habían hablado de salir el sábado. No hay nada confirmado todavía, si querés veo y te aviso.
- No, no te preocupes. Yo quería que te conocieran, pero si no podés, no hay drama.
Ay, pobre. Me da cosa. Bueno, me lo banco.
- En verdad puedo salir siempre con ellas. Les digo que queda para otro día y voy con vos.
- ¿Segura?
No, me voy a arrepentir muchísimo, pero bueno.
- Sí, dale. Me gustaría conocer a tus amigos.
- Y ellos te quieren conocer a vos.
Qué genial. Seguro que me dan con un palo toda la noche. Y después encima le van a decir que se podía haber elegido una más linda, menos inútil, que no se quede dormida en el medio de una cita y que sepa cocinar algo más que fideos y arroz.
-¿Les hablaste mucho de mí?
- Bastante. Pero cosas buenas, eh.
¿Qué hay de bueno para decir?
-
¡Más te valía! Jajaja
- Ay, que emoción. ¡Vas a conocer a todos mis amigos!
Sí, Seba. ¡Qué emoción! ¡No puedo esperar! (léase con tono irónico de inside my head)
- Sí, ¡me muero de ganas! (léase con tono de estoy-pretendiendo-que-tengo-ganas-pero-secretamente-te-odio-por-haberme-invitado).