Volvieron Fabi y Romi de Israel y me invitaron a pasar unos días con ellas a Punta del Este. Salimos hoy para allá. A la vuelta les sigo contando del casamiento.
¡Feliz año para todos!
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miércoles, 30 de diciembre de 2009
lunes, 24 de agosto de 2009
Día 106 - Amén
De: Agus
Para: Fabi
"Mi amor, si podés juntate con Romi que así hablo con las dos y les cuento lo de Martín. Besos"
De: Fabi
Para: Agus
"Estamos acá las dos en el cuarto pintándonos las uñas. Faltás vos. Llamá cuando quieras"
- ¿Hola? - atendió Fabi.
- ¡Holaaaaa! - chillé.
- ¿Cómo estás, mi amor? - preguntó .
- Bien, ¿ustedes? Poneme en altavoz así les cuento todo a las dos juntas.
...
- ¿Y, pequeñas? ¿Qué piensan? - pregunté.
- Y...no sé. Me quedó una sensación rara - dijo Romi.
- ¿En qué sentido? - pregunté.
- No sé como explicarte. Es como que me dejó un poco triste escuchar la historia.
- Sí, es triste. Y yo estuve muy triste. Me corrijo, todavía a veces lo estoy. Pero pienso que hicimos bien.
- Y, sino, el tiempo lo dirá - intervino Fabi.
- ¿Pero qué piensan? ¿Que no se terminó la historia? - pregunté.
- No sé - dijo Romi. - No me queda del todo claro. Terminaron de una manera en la que me parece que quedó la puerta abierta para volver a hablar en algún momento.
- No sé si es eso, o es que quedamos en buenos términos - dije.
- Es obvio que quedó todo bien - agregó Fabi. - Y eso tiene sus cosas buenas y malas, como todo. De repente si hubieran terminado mal vos ya ni estarías triste. Pensarías que es un imbécil y que no vale la pena estar mal por él.
- Sí, es probable - contesté.
- Pero yo te pregunto a vos, Agus, entre nosotras tres. ¿Vos diste la historia por terminada en tu cabeza? ¿O tenés la sensación de que en algún momento van a volver? - preguntó Romi.
- Y...a veces pienso que sí, que en algún momento vamos a volver a estar juntos. Pero supongo que lo quiero pensar porque hace que sea menos dolorosa toda la situación. Es mucho más fácil pensar eso que aceptar que, de verdad, terminó todo.
- Y sí, obvio - acotó Fabi.
- Pero, por otro lado, qué sé yo. Con el vecino está todo bien, y de verdad le quiero dar una oportunidad. Es por eso que estoy haciendo todo lo posible para que las cosas con él funcionen. Estoy poniendo bastante de mi parte. Aunque a veces me cuesta, pero bueno. Trato. Por ejemplo, Teresa me dijo que las llamara a ustedes a contarles toda la historia como manera de darle un cierre.
- Y bueno, lo hiciste. Y es un paso importante porque demuestra que por lo menos tenés la intención de seguir adelante - dijo Romi.
- La tengo. Este fin de semana pasamos mucho tiempo juntos y estuvo todo bien. Él muestra señales de estar comprometido y todo - dije.
- Y bueno, entonces dale para adelante - agregó Fabi. - ¿Y del casamiento pensás decirle algo?
- Por ahora no me parece necesario. ¿Ustedes que dicen?
- Yo no le diría nada - dijo Romi.
- Yo tampoco - dijo Fabi.
- Pienso igual que ustedes. Además, no sé como lo puede tomar - agregué.
- No es algo que todo el mundo vaya a entender. Yo que vos, por ahora esperaría - acotó Fabi.
- Y Rominita piensa lo mismo. Entonces, por unanimidad, queda decidido no hablar con el señor Sebastián.
- Amén - dijo Fabi. Las tres nos reímos.
Las dos piensan que no debo hablar con Sebastián todavía y yo estoy de acuerdo. Y las dos piensan que mi historia con Martín no está del todo cerrada, y yo no sé si estoy de acuerdo. ¿Y ustedes, están de acuerdo?
Para: Fabi
"Mi amor, si podés juntate con Romi que así hablo con las dos y les cuento lo de Martín. Besos"
De: Fabi
Para: Agus
"Estamos acá las dos en el cuarto pintándonos las uñas. Faltás vos. Llamá cuando quieras"
- ¿Hola? - atendió Fabi.
- ¡Holaaaaa! - chillé.
- ¿Cómo estás, mi amor? - preguntó .
- Bien, ¿ustedes? Poneme en altavoz así les cuento todo a las dos juntas.
...
- ¿Y, pequeñas? ¿Qué piensan? - pregunté.
- Y...no sé. Me quedó una sensación rara - dijo Romi.
- ¿En qué sentido? - pregunté.
- No sé como explicarte. Es como que me dejó un poco triste escuchar la historia.
- Sí, es triste. Y yo estuve muy triste. Me corrijo, todavía a veces lo estoy. Pero pienso que hicimos bien.
- Y, sino, el tiempo lo dirá - intervino Fabi.
- ¿Pero qué piensan? ¿Que no se terminó la historia? - pregunté.
- No sé - dijo Romi. - No me queda del todo claro. Terminaron de una manera en la que me parece que quedó la puerta abierta para volver a hablar en algún momento.
- No sé si es eso, o es que quedamos en buenos términos - dije.
- Es obvio que quedó todo bien - agregó Fabi. - Y eso tiene sus cosas buenas y malas, como todo. De repente si hubieran terminado mal vos ya ni estarías triste. Pensarías que es un imbécil y que no vale la pena estar mal por él.
- Sí, es probable - contesté.
- Pero yo te pregunto a vos, Agus, entre nosotras tres. ¿Vos diste la historia por terminada en tu cabeza? ¿O tenés la sensación de que en algún momento van a volver? - preguntó Romi.
- Y...a veces pienso que sí, que en algún momento vamos a volver a estar juntos. Pero supongo que lo quiero pensar porque hace que sea menos dolorosa toda la situación. Es mucho más fácil pensar eso que aceptar que, de verdad, terminó todo.
- Y sí, obvio - acotó Fabi.
- Pero, por otro lado, qué sé yo. Con el vecino está todo bien, y de verdad le quiero dar una oportunidad. Es por eso que estoy haciendo todo lo posible para que las cosas con él funcionen. Estoy poniendo bastante de mi parte. Aunque a veces me cuesta, pero bueno. Trato. Por ejemplo, Teresa me dijo que las llamara a ustedes a contarles toda la historia como manera de darle un cierre.
- Y bueno, lo hiciste. Y es un paso importante porque demuestra que por lo menos tenés la intención de seguir adelante - dijo Romi.
- La tengo. Este fin de semana pasamos mucho tiempo juntos y estuvo todo bien. Él muestra señales de estar comprometido y todo - dije.
- Y bueno, entonces dale para adelante - agregó Fabi. - ¿Y del casamiento pensás decirle algo?
- Por ahora no me parece necesario. ¿Ustedes que dicen?
- Yo no le diría nada - dijo Romi.
- Yo tampoco - dijo Fabi.
- Pienso igual que ustedes. Además, no sé como lo puede tomar - agregué.
- No es algo que todo el mundo vaya a entender. Yo que vos, por ahora esperaría - acotó Fabi.
- Y Rominita piensa lo mismo. Entonces, por unanimidad, queda decidido no hablar con el señor Sebastián.
- Amén - dijo Fabi. Las tres nos reímos.
Las dos piensan que no debo hablar con Sebastián todavía y yo estoy de acuerdo. Y las dos piensan que mi historia con Martín no está del todo cerrada, y yo no sé si estoy de acuerdo. ¿Y ustedes, están de acuerdo?
miércoles, 29 de julio de 2009
Día 80 - Nothing's fine, I'm torn
Desde el domingo de noche que no hago más que arrastrarme de un lugar a otro en camisón, principalmente de la cama a la cocina. Menos mal que fui previsora y compré muchas cosas con chocolate antes de la charla, porque sabía que de alguno de los dos me iba a tener que despedir y eso me angustiaba muchísimo. Así que resolví que mis penas iban a ser ahogadas en chocolate, y por lo tanto debía abastecerme de él. Compré muchas galletitas, alfajores, chocolate en barra. En resumen, todo lo que encontré en el super que tuviera chocolate.
Cancelé mis compromisos alegando que me sentía mal, lo cual no es del todo mentira. Me siento horrible. Me duele todo el cuerpo como si hubiera corrido una maratón o como si alguien me hubiera pegado en todos lados. No tengo ganas de hacer nada más que tirarme en el colchón a llorar, mirar series, y comer como un cerdo. Estuve pidiendo delivery, a costa de mi presupuesto, pero no me importa. En estas cosas uno hace lo que puede.
Tengo una llamada perdida de Valentina en el celular, que asumo es porque se enteró, pero no le pienso devolver el llamado. En mi casilla de mails, tengo uno de Fabi y otro de Romi, preguntando si hay novedades. Pero todavía no me animo a escribirles, y mucho menos a llamarlas. Contarlo, hace que pase a ser más creíble. Poder contarlo, implica aceptarlo. Y no sé si todavía lo hice.
Desde el domingo de noche que sueño que va a sonar el timbre, y va a ser Martín con un ramo de rosas. Sueño que me dice que me ama y que sí, todo puede estar bien entre nosotros. Sueño que ese beso en la puerta no fue el último, sino el primero de algo mucho mejor. Pero después me despierto, y me doy cuenta de que estoy sola, y de que Martín no va a volver a aparecer por la puerta de donde salió. Que va a pasar a ser un conjunto de recuerdos en mi cabeza. Desde nuestro primer beso, el cuatro de julio del 2004, hasta el último, el veintiséis de julio del 2009. Una sucesión de imágenes de cinco años de idas y vueltas que, para bien o para mal, terminaron.
Me cuesta creer que nunca más voy a sentir su perfume, y que ya no habrá más cenas de Burger King en el colchón. Que nunca más vamos a estar tirados en la cama, abrazados, hablando de pavadas. Y definitivamente, no puedo aceptar que nunca más vamos a "hacer el amor", como le llama él.
Yo sé que tengo al vecino, y que en algún momento le voy a tener que decir que sí, que quiero arriesgarme y ver que pasa. Pero, por ahora, no puedo concebir la idea de salir de mi departamento, ni siquiera para ir a tocarle timbre y decirle que quiero que estemos juntos. Hoy, en lo único que puedo pensar, es en el que se fue para no volver más.
Cancelé mis compromisos alegando que me sentía mal, lo cual no es del todo mentira. Me siento horrible. Me duele todo el cuerpo como si hubiera corrido una maratón o como si alguien me hubiera pegado en todos lados. No tengo ganas de hacer nada más que tirarme en el colchón a llorar, mirar series, y comer como un cerdo. Estuve pidiendo delivery, a costa de mi presupuesto, pero no me importa. En estas cosas uno hace lo que puede.
Tengo una llamada perdida de Valentina en el celular, que asumo es porque se enteró, pero no le pienso devolver el llamado. En mi casilla de mails, tengo uno de Fabi y otro de Romi, preguntando si hay novedades. Pero todavía no me animo a escribirles, y mucho menos a llamarlas. Contarlo, hace que pase a ser más creíble. Poder contarlo, implica aceptarlo. Y no sé si todavía lo hice.
Desde el domingo de noche que sueño que va a sonar el timbre, y va a ser Martín con un ramo de rosas. Sueño que me dice que me ama y que sí, todo puede estar bien entre nosotros. Sueño que ese beso en la puerta no fue el último, sino el primero de algo mucho mejor. Pero después me despierto, y me doy cuenta de que estoy sola, y de que Martín no va a volver a aparecer por la puerta de donde salió. Que va a pasar a ser un conjunto de recuerdos en mi cabeza. Desde nuestro primer beso, el cuatro de julio del 2004, hasta el último, el veintiséis de julio del 2009. Una sucesión de imágenes de cinco años de idas y vueltas que, para bien o para mal, terminaron.
Me cuesta creer que nunca más voy a sentir su perfume, y que ya no habrá más cenas de Burger King en el colchón. Que nunca más vamos a estar tirados en la cama, abrazados, hablando de pavadas. Y definitivamente, no puedo aceptar que nunca más vamos a "hacer el amor", como le llama él.
Yo sé que tengo al vecino, y que en algún momento le voy a tener que decir que sí, que quiero arriesgarme y ver que pasa. Pero, por ahora, no puedo concebir la idea de salir de mi departamento, ni siquiera para ir a tocarle timbre y decirle que quiero que estemos juntos. Hoy, en lo único que puedo pensar, es en el que se fue para no volver más.
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