- ¿Hola?
- Querido, soy yo.
- Agus, ¿cómo estás? - preguntó Martín.
- Bien, ¿y vos?
- Bien, bien. ¿Qué se cuenta?
- Mirá, el domingo es el cumple de mi abuelo. Yo sé que nosotros terminamos y que vos ya no tenés ninguna obligación de seguir actuando como mi marido, así que te digo que si vinieras me harías un gran favor. Pero si no querés, no podés o lo que sea yo invento algo.
- No, dejá. Voy con vos.
- ¿Seguro?
- Sí. Te quiero ver. Te extraño.
Cuando dijo eso me quedé muda. Sentí tantas cosas a la vez que no pude verbalizarlas. No sabía si decirle que yo también, o contestarle que no me hablara nunca más porque estaba harta de vivir en esa incertidumbre que caracteriza a nuestra historia.
- ¿Para qué me decís esas cosas? - pregunté finalmente.
- No sé por qué. Porque es la realidad, supongo. Te extraño. Pienso en vos todo el tiempo. En lo que pasó y en lo que podría haber pasado si yo te contestaba que sí estaba dispuesto a cambiar.
- Esto no es algo para hablar por teléfono - dije, sin saber qué más decir.
- No. Voy el domingo temprano a tu casa y hablamos antes de ir al almuerzo. ¿Te parece? - preguntó.
- Bueno.
- Bueno, mi amor, nos vemos el domingo entonces.
- No me digas "mi amor". Ya no soy tu amor.
- Siempre lo vas a ser.
-...
- Sabés que sí. Te mando un beso y nos vemos.
- Dale, otro.
Cuando corté, hace quince minutos, me senté en la cama sin saber qué pensar. ¿Qué había significado este llamado? ¿Era la puerta para volver a intentar algo? ¿O era simplemente uno de los tantos ataques de Martín de querer recuperarme cuando me pierde para luego no saber que hacer?
Y no sé que fue lo que me pasó después. Si me encegueció el enojo por la actitud de mi marido de sólo quererme cuando ya no me tiene, o el hecho de que tenía que ir a ver a Sebastián para escuchar lo que presumo sería algo parecido, que terminé metiendo a todos los hombres en la misma bolsa. Y en un ataque de locura temporal, llamé a Fran y le dije que me disculpara pero que necesitaba un tiempo sin hombres en mi vida.
Mostrando entradas con la etiqueta Fran (el fotógrafo). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fran (el fotógrafo). Mostrar todas las entradas
viernes, 23 de octubre de 2009
martes, 20 de octubre de 2009
Día 154 - La Tere, sabe
- ¿Sabés cuál es el problema de todo esto, Teresita?
- ¿Cuál?
- Que me casé con Martín, mi "algo". Yo tendría que haber hecho todo diferente.
- A ver. ¿Qué tendrías que haber hecho?
- Tendría que haber ido a algún lado, tipo una sinagoga, qué sé yo. Y ahí agarrar a un tipo, explicarle mi plan y ofrecerle guita a cambio de que se casara conmigo.
- Jajaja. Dudo que otro hubiera aceptado.
- Ay, sí, ya sé. Pero es como que ahora estoy atada a Martín. Cortamos de nuevo pero lo voy a tener que llamar para que el domingo me acompañe al cumple de mi abuelo. Entonces es como que a fin de cuentas nunca terminamos.
- Y bueno. Eso vos lo sabías de antes. Vos sabías en lo que te estabas metiendo - dijo.
- Sí.
- Y bueno, priorizaste las ganas de irte de tu casa, a costa de casarte con Martín.
- Es verdad. Pero no sé si hice bien.
- El tema es que vos tenés un problema con tomar decisiones, y sos incapaz de quedarte con un resultado en particular.
- Ya sé. Igual prefiero esto toda la vida a haberme quedado en casa vieja. Pero, por otro lado, me agota que las cosas con Martín nunca terminen.
- ¿Vos querés que terminen?
- Sí. O no. No sé.
- ¿Sí o no?
- Es que no es tan fácil. A veces todavía pienso que es el amor de mi vida.
- ...
- Pero otras veces estoy lúcida y me doy cuenta de que no, porque si existe eso de que haya una persona para vos, esa persona debería por lo menos tener claro que quiere estar con vos. Y además las relaciones requieren esfuerzo, y él no está dispuesto a cambiar en lo más mínimo.
- ¿Entonces?
- Entonces pienso que me haría bien salir con otros tipos y olvidarme de Martín. Al menos por ahora.
- Me parece bárbaro.
- Sí, a mí también. El sábado salgo con Fran, un compañero de fotografía.
- ¿Y te gusta?
- Mucho.
- Y bueno, salí con él. Pero tratá de separarlo de Martín.
- ¿En qué sentido? - pregunté.
- Vo sabés en que sentido lo digo.
- Sí, ya sé. Que él no es Martín, y por lo tanto debo darle una oportunidad sin pensar todo el tiempo en que me va a dejar, en que no va a saber nunca lo que quiere conmigo o en que se va a aburrir de mí.
- Exacto. ¿Viste que sabías?
- Siempre lo sé. Lo que pasa es que es difícil decirlo en voz alta.
- ¿Por qué?
- Porque me convierto en esa mina insegura que odio ser, y que es precisamente quien soy con Martín. La mayoría del tiempo no pienso esas cosas. Ya no.
- ¿En cuáles?
- En que no soy linda, o inteligente o lo que sea. Con Fran no lo pienso, por ejemplo.
- Es que las asociás con Martín. Yo creo que salir con otra persona te va a servir. Salir con Sebastián te hizo muy bien.
- Sí, hasta que me dejó.
- Bueno, pero vos me entendiste.
- Siempre entiendo.
- ¿Entonces? - preguntó.
- Que Fran es Fran, y no tiene que tener ninguna conexión con Martín.
- Perfecto. ¿Qué más?
- Que mientras esté con él quiero ser la Agustina segura de si mísma, fuerte, independiente. En resumen, la versión mejorada de mí misma que soy cuando Martín no está cerca.
- Muy bien. ¿Qué más?
- Le voy a contar todo. Lo del casamiento, todo. Quiero ver ya de antes si va a salir corriendo, porque si lo hace, sé que no es para mí.
- Excelente. Creo que la versión mejorada de vos misma de la que hablás es muy diferente a la otra. Creo que ahora te valorás más y eso te hace no conformarte.
- Sí. Yo lo veo. Y es por eso que cuando pienso fríamente, sé que Martín no es para mí.
- ¿Y Fran?
- Fran podría llegar a serlo. No lo conozco mucho, pero podría ser. Qué sé yo.
- ¿Entonces? - preguntó.
- Habrá que darle una oportunidad.
- ¿Y con Martín qué vas a hacer?
- Nada. Procurar que se limite a ser mi esposo el domingo. Y tratar que cuando nos veamos, los pantalones de ambos permanezcan puestos.
- ¿Qué difícil, no? Jaja.
- Dificilísimo, Teresita. Dificilísimo.
- ¿Cuál?
- Que me casé con Martín, mi "algo". Yo tendría que haber hecho todo diferente.
- A ver. ¿Qué tendrías que haber hecho?
- Tendría que haber ido a algún lado, tipo una sinagoga, qué sé yo. Y ahí agarrar a un tipo, explicarle mi plan y ofrecerle guita a cambio de que se casara conmigo.
- Jajaja. Dudo que otro hubiera aceptado.
- Ay, sí, ya sé. Pero es como que ahora estoy atada a Martín. Cortamos de nuevo pero lo voy a tener que llamar para que el domingo me acompañe al cumple de mi abuelo. Entonces es como que a fin de cuentas nunca terminamos.
- Y bueno. Eso vos lo sabías de antes. Vos sabías en lo que te estabas metiendo - dijo.
- Sí.
- Y bueno, priorizaste las ganas de irte de tu casa, a costa de casarte con Martín.
- Es verdad. Pero no sé si hice bien.
- El tema es que vos tenés un problema con tomar decisiones, y sos incapaz de quedarte con un resultado en particular.
- Ya sé. Igual prefiero esto toda la vida a haberme quedado en casa vieja. Pero, por otro lado, me agota que las cosas con Martín nunca terminen.
- ¿Vos querés que terminen?
- Sí. O no. No sé.
- ¿Sí o no?
- Es que no es tan fácil. A veces todavía pienso que es el amor de mi vida.
- ...
- Pero otras veces estoy lúcida y me doy cuenta de que no, porque si existe eso de que haya una persona para vos, esa persona debería por lo menos tener claro que quiere estar con vos. Y además las relaciones requieren esfuerzo, y él no está dispuesto a cambiar en lo más mínimo.
- ¿Entonces?
- Entonces pienso que me haría bien salir con otros tipos y olvidarme de Martín. Al menos por ahora.
- Me parece bárbaro.
- Sí, a mí también. El sábado salgo con Fran, un compañero de fotografía.
- ¿Y te gusta?
- Mucho.
- Y bueno, salí con él. Pero tratá de separarlo de Martín.
- ¿En qué sentido? - pregunté.
- Vo sabés en que sentido lo digo.
- Sí, ya sé. Que él no es Martín, y por lo tanto debo darle una oportunidad sin pensar todo el tiempo en que me va a dejar, en que no va a saber nunca lo que quiere conmigo o en que se va a aburrir de mí.
- Exacto. ¿Viste que sabías?
- Siempre lo sé. Lo que pasa es que es difícil decirlo en voz alta.
- ¿Por qué?
- Porque me convierto en esa mina insegura que odio ser, y que es precisamente quien soy con Martín. La mayoría del tiempo no pienso esas cosas. Ya no.
- ¿En cuáles?
- En que no soy linda, o inteligente o lo que sea. Con Fran no lo pienso, por ejemplo.
- Es que las asociás con Martín. Yo creo que salir con otra persona te va a servir. Salir con Sebastián te hizo muy bien.
- Sí, hasta que me dejó.
- Bueno, pero vos me entendiste.
- Siempre entiendo.
- ¿Entonces? - preguntó.
- Que Fran es Fran, y no tiene que tener ninguna conexión con Martín.
- Perfecto. ¿Qué más?
- Que mientras esté con él quiero ser la Agustina segura de si mísma, fuerte, independiente. En resumen, la versión mejorada de mí misma que soy cuando Martín no está cerca.
- Muy bien. ¿Qué más?
- Le voy a contar todo. Lo del casamiento, todo. Quiero ver ya de antes si va a salir corriendo, porque si lo hace, sé que no es para mí.
- Excelente. Creo que la versión mejorada de vos misma de la que hablás es muy diferente a la otra. Creo que ahora te valorás más y eso te hace no conformarte.
- Sí. Yo lo veo. Y es por eso que cuando pienso fríamente, sé que Martín no es para mí.
- ¿Y Fran?
- Fran podría llegar a serlo. No lo conozco mucho, pero podría ser. Qué sé yo.
- ¿Entonces? - preguntó.
- Habrá que darle una oportunidad.
- ¿Y con Martín qué vas a hacer?
- Nada. Procurar que se limite a ser mi esposo el domingo. Y tratar que cuando nos veamos, los pantalones de ambos permanezcan puestos.
- ¿Qué difícil, no? Jaja.
- Dificilísimo, Teresita. Dificilísimo.
Etiquetas:
Fran (el fotógrafo),
Martín (mi "algo"),
Teresa (mi terapeuta)
domingo, 18 de octubre de 2009
Día 152 - La luz al final del túnel
Ayer llamé a mi madre y le dije que me sentía mal y que no iba a poder ir al almuerzo del domingo (hoy) con el rabino. No sólo lo hice porque pedirle a Martín que me acompañara a almorzar con mis padres implicaría verlo, cosa para la cual no estoy preparada todavía, sino porque además el domingo que viene es el cumpleaños de mi abuelo y a ese almuerzo familiar sí voy a tener que ir. Me corrijo: a ese almuerzo sí quiero ir. Mi adorado abuelito va a cumplir 87 años y por como están las cosas, podría ser su último cumpleaños. Así que probablemente llame a Martín en la semana y le pida que venga como mi marido. Pero al menos va a ser el domingo que viene y tengo toda una semana para terminar de aceptar que lo mío con Martín nunca va a pasar de ser marido y mujer por conveniencia.
En otro orden de cosas, hoy me llamó Fran y estuvimos hablando por casi dos horas. Diez minutos después de cortar, me mandó un mensaje preguntándome si quería salir con él el sábado de noche. Me quedé mirando el celular por unos minutos sin saber que contestar. Primero pensé en que salir con él era en cierto sentido demasiado pronto, y además en que era injusto para Fran que yo fuera a cenar con él, mientras mi cabeza estuviera en Martín. Pero después, me puse a pensar en que la vez que salí con él la pasé tan bien que no pensé en mi marido en ningún momento. Es un tipo tan gracioso, tan divertido, tan poco complicado que podría llegar a ser exactamente lo que necesito en este momento. A fin de cuentas, la luz al final del túnel no tiene por que ser que Martín vuelva. Quien me dice que no puede ser Fran el fotógrafo, el caballero que me venga a rescatar de mi tristeza?
En otro orden de cosas, hoy me llamó Fran y estuvimos hablando por casi dos horas. Diez minutos después de cortar, me mandó un mensaje preguntándome si quería salir con él el sábado de noche. Me quedé mirando el celular por unos minutos sin saber que contestar. Primero pensé en que salir con él era en cierto sentido demasiado pronto, y además en que era injusto para Fran que yo fuera a cenar con él, mientras mi cabeza estuviera en Martín. Pero después, me puse a pensar en que la vez que salí con él la pasé tan bien que no pensé en mi marido en ningún momento. Es un tipo tan gracioso, tan divertido, tan poco complicado que podría llegar a ser exactamente lo que necesito en este momento. A fin de cuentas, la luz al final del túnel no tiene por que ser que Martín vuelva. Quien me dice que no puede ser Fran el fotógrafo, el caballero que me venga a rescatar de mi tristeza?
lunes, 5 de octubre de 2009
Día 141 - Bad day
No sé que me pasa últimamente, pero estoy mal. Me doy cuenta en como me veo, en como me siento y en como escribo. No sé exactamente por qué es. Supongo que por muchas cosas. Por tantas que no sé cual es la que más me duele.
No sé si es porque mis amigas están lejos y cada día que pasa siento que no puedo más, que un año separada de ellas es muchísimo tiempo. Y siento que quiero hablar con alguien porque tengo tantas cosas en la cabeza que necesito exteriorizarlas para poderlas entender.
O capaz que no es eso, y el tema que me tiene mal es que no me gusta ni mi trabajo ni mi carrera. Que cada vez que me siento a estudiar me pesa. Y voy a la cocina, abro la heladera, me hago un café y vuelvo a sentarme. Pero el material sigue ahí, sin interesarme y me voy de nuevo. Me siento en la computadora y leo. O escribo. Y es lo único que me gusta hacer. Y pienso en que estoy harta de hacer cosas que no me gustan y que capaz que ahora que ya no tengo la presión de mis padres de terminar la carrera la puedo dejar. Finalmente, y a poco tiempo de recibirme. Porque ellos me empujaron hacia Economía, diciéndome que era una buena carrera y que me iba a ir bien. Que a mí me gusta "tener un cierto estilo de vida" y que para eso se necesita una carrera redituable.
Y también está el tema de Sebastián, porque a fin de cuentas un poco me afectó. Porque fue otro en la lista, otro que por una razón u otra me dejó. Y ya estoy cansada de que la historia se repita, de que las cosas en ese terreno nunca me salgan bien. Y en el medio está Fran, que me llama y yo no sé que hacer con él, porque me da miedo que también salga corriendo.
Y estoy mal porque además está Fabián acá, y lo veo y tengo recuerdos que preferiría no tener. Y salen a flote cosas que tenía reprimidas y no tengo más remedio que enfrentarlas. Pienso en que como podría quererme a mí misma con una madre que siempre me dijo que yo no valía nada y que no era lo suficientemente buena en ningún aspecto de mi vida.
Y mientras escribo esto suena el teléfono y cuando me acerco veo "Martín", y no quiero atender. Me siento en el piso y espero a que piense que no estoy y deje un mensaje. Y cuando escucho su voz me cae la primera lágrima y me doy cuenta de por qué estoy tan mal. Mi marido me dice "mi amor", me dice de hablar y yo no quiero porque no sé si puedo soportar esa charla. Me da miedo verlo, sentarnos a hablar y comprobar que efectivamente nada cambió. Pero sé que tengo que hacerlo, sé que tenemos que sentarnos a hablar de nuestra relación porque ya pasó un tiempo desde que nos separamos y a esta altura él ya tiene que saber qué es lo que siente. Ya sabe si me extrañó o no, y si está dispuesto a intentar algo más por primera vez en cinco años.
Y sé que tengo que devolverle el llamado. Sé que sí. Pero me cuesta pensar en concretar esa charla porque creo que si me dice que ya no me quiere me termino de romper.
No sé si es porque mis amigas están lejos y cada día que pasa siento que no puedo más, que un año separada de ellas es muchísimo tiempo. Y siento que quiero hablar con alguien porque tengo tantas cosas en la cabeza que necesito exteriorizarlas para poderlas entender.
O capaz que no es eso, y el tema que me tiene mal es que no me gusta ni mi trabajo ni mi carrera. Que cada vez que me siento a estudiar me pesa. Y voy a la cocina, abro la heladera, me hago un café y vuelvo a sentarme. Pero el material sigue ahí, sin interesarme y me voy de nuevo. Me siento en la computadora y leo. O escribo. Y es lo único que me gusta hacer. Y pienso en que estoy harta de hacer cosas que no me gustan y que capaz que ahora que ya no tengo la presión de mis padres de terminar la carrera la puedo dejar. Finalmente, y a poco tiempo de recibirme. Porque ellos me empujaron hacia Economía, diciéndome que era una buena carrera y que me iba a ir bien. Que a mí me gusta "tener un cierto estilo de vida" y que para eso se necesita una carrera redituable.
Y también está el tema de Sebastián, porque a fin de cuentas un poco me afectó. Porque fue otro en la lista, otro que por una razón u otra me dejó. Y ya estoy cansada de que la historia se repita, de que las cosas en ese terreno nunca me salgan bien. Y en el medio está Fran, que me llama y yo no sé que hacer con él, porque me da miedo que también salga corriendo.
Y estoy mal porque además está Fabián acá, y lo veo y tengo recuerdos que preferiría no tener. Y salen a flote cosas que tenía reprimidas y no tengo más remedio que enfrentarlas. Pienso en que como podría quererme a mí misma con una madre que siempre me dijo que yo no valía nada y que no era lo suficientemente buena en ningún aspecto de mi vida.
Y mientras escribo esto suena el teléfono y cuando me acerco veo "Martín", y no quiero atender. Me siento en el piso y espero a que piense que no estoy y deje un mensaje. Y cuando escucho su voz me cae la primera lágrima y me doy cuenta de por qué estoy tan mal. Mi marido me dice "mi amor", me dice de hablar y yo no quiero porque no sé si puedo soportar esa charla. Me da miedo verlo, sentarnos a hablar y comprobar que efectivamente nada cambió. Pero sé que tengo que hacerlo, sé que tenemos que sentarnos a hablar de nuestra relación porque ya pasó un tiempo desde que nos separamos y a esta altura él ya tiene que saber qué es lo que siente. Ya sabe si me extrañó o no, y si está dispuesto a intentar algo más por primera vez en cinco años.
Y sé que tengo que devolverle el llamado. Sé que sí. Pero me cuesta pensar en concretar esa charla porque creo que si me dice que ya no me quiere me termino de romper.
Etiquetas:
Fabián (mi hermano),
Fran (el fotógrafo),
Martín (mi "algo"),
Mi madre,
Mi vecinito
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Día 137 - Los tres mosqueteros
Sebastián.
Ayer, cuando salí de dar clase, ví que tenía una llamada perdida suya. Me puse a pensar en si yo tengo algo que devolverle, o él a mí, pero creo que no. Entonces no sé para que me llama, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de hablar con él. Debería devolverle el llamado por cortesía, pero no sé. Me parece que ya no hay nada que hablar.
Martín.
Desde el día que nos acostamos que no sé absolutamente nada de él. Niente. Niet. Nothing.
No sé si me está dejando tranquila para que resuelva el tema de Fabián, porque capaz que piensa que no es momento de hablar todavía o si no me llama porque no sabe que decirme. Es obvio que cuando nos veamos vamos a tener que charlar largo y tendido sobre nuestra relación. Y, eventualmente, decidir si vamos a ser sólo marido y mujer por conveniencia o algo más. La verdad es que no sé que quiere, pero debo decir que estuvo muy cariñoso la última vez que nos vimos.
Francisco.
Es lindo. Muy. Ayer me llamó para desearme suerte porque iba a entrar el director de uno de los colegios a observarme la clase y, a decir verdad, yo estaba bastante nerviosa. Me gustó que me tranquilizara, pero más que nada, el hecho de que se haya acordado de que era ayer. Y, por supuesto, siempre es lindo que se preocupen de una y la llamen. Y me llama casi todos los días, sólo para charlar. Capaz que salimos el sábado. Me lo dijo y le dije que no estaba segura de si tenía el cumpleaños de una compañera de facultad o no, porque quería ponerme a pensar en si de verdad estoy para salir con alguien. A fin de cuentas, con Sebastián terminé recién y con Martín no sé que va a pasar.
Ando un poquito entreverada, como verán. Hay demasiados hombres en la vuelta. A estos tres hay que agregarle otro, que vive conmigo, me desordena más la casa de lo que ya está y me deja el baño empapado cada vez que se ducha. Por lo menos, siempre que llega trae algo de chocolate. Y eso, no está nada mal.
Pero, por supuesto, que no voy a elegir a mi hermano. Como presumo que Sebastián ya no está en combate, la lucha por el amor de la doncella Agustina se llevará a cabo entre Francisco y Martín. Que gane el mejor.
Ayer, cuando salí de dar clase, ví que tenía una llamada perdida suya. Me puse a pensar en si yo tengo algo que devolverle, o él a mí, pero creo que no. Entonces no sé para que me llama, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de hablar con él. Debería devolverle el llamado por cortesía, pero no sé. Me parece que ya no hay nada que hablar.
Martín.
Desde el día que nos acostamos que no sé absolutamente nada de él. Niente. Niet. Nothing.
No sé si me está dejando tranquila para que resuelva el tema de Fabián, porque capaz que piensa que no es momento de hablar todavía o si no me llama porque no sabe que decirme. Es obvio que cuando nos veamos vamos a tener que charlar largo y tendido sobre nuestra relación. Y, eventualmente, decidir si vamos a ser sólo marido y mujer por conveniencia o algo más. La verdad es que no sé que quiere, pero debo decir que estuvo muy cariñoso la última vez que nos vimos.
Francisco.
Es lindo. Muy. Ayer me llamó para desearme suerte porque iba a entrar el director de uno de los colegios a observarme la clase y, a decir verdad, yo estaba bastante nerviosa. Me gustó que me tranquilizara, pero más que nada, el hecho de que se haya acordado de que era ayer. Y, por supuesto, siempre es lindo que se preocupen de una y la llamen. Y me llama casi todos los días, sólo para charlar. Capaz que salimos el sábado. Me lo dijo y le dije que no estaba segura de si tenía el cumpleaños de una compañera de facultad o no, porque quería ponerme a pensar en si de verdad estoy para salir con alguien. A fin de cuentas, con Sebastián terminé recién y con Martín no sé que va a pasar.
Ando un poquito entreverada, como verán. Hay demasiados hombres en la vuelta. A estos tres hay que agregarle otro, que vive conmigo, me desordena más la casa de lo que ya está y me deja el baño empapado cada vez que se ducha. Por lo menos, siempre que llega trae algo de chocolate. Y eso, no está nada mal.
Pero, por supuesto, que no voy a elegir a mi hermano. Como presumo que Sebastián ya no está en combate, la lucha por el amor de la doncella Agustina se llevará a cabo entre Francisco y Martín. Que gane el mejor.
Etiquetas:
Fabián (mi hermano),
Fran (el fotógrafo),
Martín (mi "algo"),
Mi vecinito
sábado, 26 de septiembre de 2009
Día 133 - No hay dos sin tres
En mi curso de fotografía había un chico, Francisco, que siempre me pareció lindo, pero sobre todo, muy gracioso. Es de esas personas en las que te fijás porque tienen algo en la personalidad que te resulta atractivo. Pero yo pensaba que tenía novia, así que nunca me planteé la posibilidad de que pasara nada entre él y yo.
Sin embargo, un día me lo encontré en el messenger y nos quedamos chateando por casi cinco horas. Sí, cinco. La charla se cortó porque yo había pedido pizza y, cuando llegó, él salió a pasear a su perro.
Unos días después, me preguntó que tal estaba la pizza y le contesté que muy buena. "Un día te invito a comer así me llevás a ese lugar y lo compruebo por mí mismo, ¿qué te parece?", me preguntó. Le contesté que me parecía bien. Y así fue que ayer de noche salimos.
Después de cenar, propuse ir a comer algo rico (mi cuerpo pedía chocolate), y terminamos en el Mc Café. Yo pedí una lágrima y un muffin con chips de chocolate, y él un café con una cookie. Cuando pedís té o café, siempre te regalan bombones envueltos en un papel transparente. Y, cuando terminamos de comer, surgió la idea de hacer algo divertido.
- A ver - me dijo. - Vamos a joder un rato. ¿Qué se te ocurre?
- Mmm, hacemos así - contesté. - Los dos tiramos los bombones, y el que le emboca a la taza tiene derecho a obligar al otro a hacer algo.
- Me gusta. ¿Qué puede ser?
- No sé, decidilo vos. A mí ya se me ocurrió la manera de decidir a quién le toca.
- Bueno. El que pierde tiene que preguntarle a alguien de acá donde hay un telo. Pero sin reírse. Nada.
- Genial, me gustó.
Tiró primero él el bombón y no le embocó a la taza. Luego tiré yo, y el bombón entró perfectamente adentro. Nos empezamos a reír.
- ¿Que me das si lo hago? - preguntó.
- Nada. Estaba acordado que el que perdía hacía algo.
- Bueno, después vemos, entonces. Pero vos tampoco te rías porque se arruina todo.
- Bueno. Prometido.
Se paró, y se acercó a la mesa más cercana. Había una pareja de algo así como cuarenta años.
- Disculpen, ¿ustedes son de por acá? - preguntó.
- Sí - contestó el hombre.
- Ah, porque mi amiga y yo no. Y bueno, esto es muy incómodo, pero queríamos saber si de casualidad ustedes conocen algún...eh...telo por acá.
El hombre lo miró sorprendido y la mujer, horrorizada. Yo lo miraba a la distancia y hacía todo lo posible para mantener una cara seria, pero estaba a punto de explotar. Para dismular, giré la cabeza para el otro lado, y pretendí buscar algo en mi cartera.
- No - contestó el hombre. - La verdad es que no tengo idea.
- Pero, por favor, alguna idea tiene que tener, señor. Apiádese de nosotros, por favor. Estamos...con muchas ganas.
Cuando dijo eso metí la cabeza adentro de la cartera y me reí bajito para que Fran no se diera cuenta.
- No, no tengo idea. Preguntá en otra mesa - dijo el tipo, muy serio.
- Bueno, gracias. Y disculpen la molestia.
Volvió hasta donde yo estaba y me dijo que me tocaba a mí preguntarle a otra mesa. Me reí, y me acerqué a una en donde habían dos chicas de alrededor de treinta años.
- Chicas, disculpen. ¿Les puedo hacer una pregunta?
- Sí - contestaron al unísono.
- ¿Ustedes de casualidad saben donde hay un telo por acá? - pregunté con cara inocente.
- ¿Me viste cara de algo? - preguntó la más fea de las dos.
- No, para nada. Simplemente con mi amigo tenemos ganas de ir a uno y no tenemos idea donde puede haber. No somos de por acá.
- Ah, bueno. No, yo no sé - dijo, y miró a su amiga. - ¿Vos sabés?
- Sí - contestó la amiga. - Salís de acá, doblás a la izquierda...
- Ay, mil gracias.
- No, todo bien - dijo. Y se rió por lo bajo.
Tratando de contener la risa volví a donde estaba Fran.
-Subamos la apuesta. Vamos a preguntarle a gente por la calle, pero hay que agregarle algo a lo del telo. Algo fuerte.
- Me gusta como pensás - dijo.
- Soy una caja de sorpresas.
- Yo también - dijo. - A subir la apuesta entonces.
A partir de ahí preguntamos cualquier cosa. Fran llegó a decirle a un tipo que además de la dirección del telo quería la de un sex shop para comprar un vibrador porque tenía la fantasía de yo lo usara en él. Yo le dije a un grupo de chicos que teníamos ganas de hacer un trío, y les pregunté si alguno se ofrecía como voluntario. Uno me dijo "en un trío con un tipo no participo ni en pedo. Eso sí, si conseguís una mina que se prenda, llamame" dijo, y me dio su teléfono.
Debo decir que hacía muchísimo tiempo que no me divertía así. Y ver las reacciones de la gente después de las preguntas fue simplemente genial. Sus caras se transformaban, algunos se empezaban a reír y otros directamente no nos contestaban y empezaban a caminar en dirección opuesta.
Después de que le pregunté a un tipo si conocía algún lugar que fuera conocido por oficiar fiestas orgiásticas, sin reírme, Fran me dijo que había sido suficiente por hoy.
- Me sorprendiste, Agustina Ro. No sabía que te ibas a animar a tanto.
- Ya te dije, soy una caja de sorpresas.
- Y yo te dije que yo también - contestó. Acto seguido me agarró la cara, y me dio un beso.
Tuve épocas en las que estuve sola, y debo decir que no me miraba ni el compañero de facultad más feo. Ahora, que estoy con Sebastián y Martín, aparece Francisco. No hay dos sin tres, dicen. Y es verdad. Pero, mamma mía.
¡En que lío estoy metida!
Sin embargo, un día me lo encontré en el messenger y nos quedamos chateando por casi cinco horas. Sí, cinco. La charla se cortó porque yo había pedido pizza y, cuando llegó, él salió a pasear a su perro.
Unos días después, me preguntó que tal estaba la pizza y le contesté que muy buena. "Un día te invito a comer así me llevás a ese lugar y lo compruebo por mí mismo, ¿qué te parece?", me preguntó. Le contesté que me parecía bien. Y así fue que ayer de noche salimos.
Después de cenar, propuse ir a comer algo rico (mi cuerpo pedía chocolate), y terminamos en el Mc Café. Yo pedí una lágrima y un muffin con chips de chocolate, y él un café con una cookie. Cuando pedís té o café, siempre te regalan bombones envueltos en un papel transparente. Y, cuando terminamos de comer, surgió la idea de hacer algo divertido.
- A ver - me dijo. - Vamos a joder un rato. ¿Qué se te ocurre?
- Mmm, hacemos así - contesté. - Los dos tiramos los bombones, y el que le emboca a la taza tiene derecho a obligar al otro a hacer algo.
- Me gusta. ¿Qué puede ser?
- No sé, decidilo vos. A mí ya se me ocurrió la manera de decidir a quién le toca.
- Bueno. El que pierde tiene que preguntarle a alguien de acá donde hay un telo. Pero sin reírse. Nada.
- Genial, me gustó.
Tiró primero él el bombón y no le embocó a la taza. Luego tiré yo, y el bombón entró perfectamente adentro. Nos empezamos a reír.
- ¿Que me das si lo hago? - preguntó.
- Nada. Estaba acordado que el que perdía hacía algo.
- Bueno, después vemos, entonces. Pero vos tampoco te rías porque se arruina todo.
- Bueno. Prometido.
Se paró, y se acercó a la mesa más cercana. Había una pareja de algo así como cuarenta años.
- Disculpen, ¿ustedes son de por acá? - preguntó.
- Sí - contestó el hombre.
- Ah, porque mi amiga y yo no. Y bueno, esto es muy incómodo, pero queríamos saber si de casualidad ustedes conocen algún...eh...telo por acá.
El hombre lo miró sorprendido y la mujer, horrorizada. Yo lo miraba a la distancia y hacía todo lo posible para mantener una cara seria, pero estaba a punto de explotar. Para dismular, giré la cabeza para el otro lado, y pretendí buscar algo en mi cartera.
- No - contestó el hombre. - La verdad es que no tengo idea.
- Pero, por favor, alguna idea tiene que tener, señor. Apiádese de nosotros, por favor. Estamos...con muchas ganas.
Cuando dijo eso metí la cabeza adentro de la cartera y me reí bajito para que Fran no se diera cuenta.
- No, no tengo idea. Preguntá en otra mesa - dijo el tipo, muy serio.
- Bueno, gracias. Y disculpen la molestia.
Volvió hasta donde yo estaba y me dijo que me tocaba a mí preguntarle a otra mesa. Me reí, y me acerqué a una en donde habían dos chicas de alrededor de treinta años.
- Chicas, disculpen. ¿Les puedo hacer una pregunta?
- Sí - contestaron al unísono.
- ¿Ustedes de casualidad saben donde hay un telo por acá? - pregunté con cara inocente.
- ¿Me viste cara de algo? - preguntó la más fea de las dos.
- No, para nada. Simplemente con mi amigo tenemos ganas de ir a uno y no tenemos idea donde puede haber. No somos de por acá.
- Ah, bueno. No, yo no sé - dijo, y miró a su amiga. - ¿Vos sabés?
- Sí - contestó la amiga. - Salís de acá, doblás a la izquierda...
- Ay, mil gracias.
- No, todo bien - dijo. Y se rió por lo bajo.
Tratando de contener la risa volví a donde estaba Fran.
-Subamos la apuesta. Vamos a preguntarle a gente por la calle, pero hay que agregarle algo a lo del telo. Algo fuerte.
- Me gusta como pensás - dijo.
- Soy una caja de sorpresas.
- Yo también - dijo. - A subir la apuesta entonces.
A partir de ahí preguntamos cualquier cosa. Fran llegó a decirle a un tipo que además de la dirección del telo quería la de un sex shop para comprar un vibrador porque tenía la fantasía de yo lo usara en él. Yo le dije a un grupo de chicos que teníamos ganas de hacer un trío, y les pregunté si alguno se ofrecía como voluntario. Uno me dijo "en un trío con un tipo no participo ni en pedo. Eso sí, si conseguís una mina que se prenda, llamame" dijo, y me dio su teléfono.
Debo decir que hacía muchísimo tiempo que no me divertía así. Y ver las reacciones de la gente después de las preguntas fue simplemente genial. Sus caras se transformaban, algunos se empezaban a reír y otros directamente no nos contestaban y empezaban a caminar en dirección opuesta.
Después de que le pregunté a un tipo si conocía algún lugar que fuera conocido por oficiar fiestas orgiásticas, sin reírme, Fran me dijo que había sido suficiente por hoy.
- Me sorprendiste, Agustina Ro. No sabía que te ibas a animar a tanto.
- Ya te dije, soy una caja de sorpresas.
- Y yo te dije que yo también - contestó. Acto seguido me agarró la cara, y me dio un beso.
Tuve épocas en las que estuve sola, y debo decir que no me miraba ni el compañero de facultad más feo. Ahora, que estoy con Sebastián y Martín, aparece Francisco. No hay dos sin tres, dicen. Y es verdad. Pero, mamma mía.
¡En que lío estoy metida!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
