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sábado, 15 de agosto de 2009

Día 97 - A series of unfortunate events

Enero del 2008. Cierta señorita que ustedes conocen espera con sus dos valijas al shuttle que la viene a buscar para ir al aeropuerto JFK en Nueva York para volver a casa. Se suponía que esta combi llegaría a las 13.30, son las 14 y todavía no hay señal de la misma. La chica se preocupa.

Sus padres le mandan un mensaje de texto al celular preguntando como anda todo, y ella contesta que la camioneta todavía no llegó. Sus padres le dicen que llame a quejarse o que tome un taxi con tal de no perder el avión. Llama a quejarse y nadie le contesta. Siendo las 14.15, decide llamar un taxi. Justo cuando va a entrar al hotel a pedir que le llamen uno para no cargar con las dos valijas dos cuadras hasta la calle Broadway, ve que llega el airport shuttle y respira aliviada. Le manda un mensaje de texto a sus padres diciéndoles que la combi llegó justito.

El shuttle es barato porque lleva a mucha gente y la chica lo sabe, pero nunca pensó que iba a dar tantas vueltas. Pasa por un hotel, recoge a una pareja, pasa por otros dos y se suben unos cuantos pasajeros más. La combi sigue su recorrido y para en otro hotel. Una mujer que está adentro dice que tiene que bajar a usar el baño del hotel. "I'm a nervous flyer", dice. La chica se imagina que esto significa que la mujer va a estar mucho rato en el baño y se preocupa. No se equivoca. La nervous flyer demora veinte minutos adentro del baño, luego pide disculpas y sube a la combi de nuevo, la cual ahora se dirige al aeropuerto. Los padres de la chica le preguntan si ya arribó a JFK, y contesta que todavía no, pero que cree que está cerca. En verdad no tiene idea, pero no quiere preocuparlos más.

Llega al aeropuerto nerviosísima y con sólo dos horas para hacer todos los trámites, cuando el tiempo exigido mínimo son tres horas. Despacha su equipaje, pasa por el pre-embarque y espera tranquila disfrutando sus últimos minutos en la ciudad. Compra un sandwich, y mientras lo come recibe un mensaje de texto de sus padres, preocupadísimos y preguntando si todo está bien. Contesta que sí, que embarca en veinte minutos. Pasa por una tienda, compra Chips Ahoy (las Pepitos de allá) y una revista Cosmopolitan. Minutos después sube al avión que la llevará hasta Miami.

Ya cuando piensa que falta poco para aterrizar, nota que el trayecto está demorando más de lo que debería y se preocupa porque tiene el tiempo mínimo requerido entre los dos vuelos. Tiene miedo de perder el vuelo que la llevará a casa y de tener que quedarse en el aeropuerto de Miami hasta que salga el próximo.

Cuando el avión aterriza piden por los parlantes que dejen pasar primero a los que tienen conexiones dentro de poco tiempo. La chica se para, baja su equipaje de mano y trata de que la dejen pasar al grito desesperado de "Excuse me, my flight leaves in an hour. Excuse me. Thank you. Excuse me, my flight leaves really soon. Thank you. I have a tight connection, excuse me please". A pesar de sus esfuerzos la gente no colabora mucho (supuestamente todos tienen conexiones dentro de poco tiempo entonces empiezan a empujar). La chica no se da por vencida y sigue repitiendo las frases anteriores hasta que la dejan bajar.

Cuando sale le preguntan "Destination?", contesta "Buenos Aires", y la azafata le dice "Gate E 25". La chica empieza a correr con todas sus fuerzas cuando la azafata le dice que es bastante lejos de donde están. En los hombros lleva colgado su bolso de Los Beatles, en una mano tiene la bolsa con la revista y las galletitas, y con la otra llega el carrito. Corre lo más rápido que puede, y le parece que no va a llegar nunca. En una de las pantallas ve que su vuelo está embarcando. Corre todavía más rápido, como puede con todo lo que lleva encima.

Recibe un mensaje de sus padres preguntándoles como anda todo. Les contesta que el vuelo demoró pero que está corriendo hasta la puerta de embarque, que les avisa cuando llegue. Los padres le contestan que se apure y que haga todo lo posible por no perder la conexión. La chica se pone todavía más nerviosa y sigue corriendo.

Es la última en llegar, y embarca a último minuto. La que le pide el Boarding pass le dice "You almost missed it", es decir, "casi que no llegás". Desde el avión le manda un mensaje a sus padres contándoles que llegó. A último minuto, pero llegó.

Se despierta, desayuna, y ve que falta sólo una hora para llegar. No quiere volver, pero a la vez extraña un poco a sus amigas y a su papá. A su madre no la quiere ni ver, porque desde Buenos Aires le hizo la vida imposible durante el viaje llamándola a cualquier hora y obligándola a llamar para allá todos los días. También en el medio se enojó cuando la señorita le dijo que no era necesario hablar todos los días, y la madre no le habló por una semana. Cada vez que la chica llamaba, su papá le decía que su madre se estaba bañando.

Llegó a su ciudad, hizo los trámites correspondientes y vio a sus padres esperándola. Su padre le dijo "Te extrañé mi amor". Su madre, en cambio, la recorrió con la mirada y pronunció "Tanto Burger King y Subway te hizo mal. ¿Cuándo llamamos a la nutricionista?".

La chica, en ese momento, pensó que tantos nervios y tantos inconvenientes habían sido completamente innecesarios. Y supo, con absoluta certeza, que haber vuelto a casa había sido un gravísimo error.

viernes, 7 de agosto de 2009

Día 89 - Heavy

Siempre tuve problemas de autoestima. Empezando por el hecho de que a partir de los ocho años me empezaron a torturar con mi peso (miro las fotos y no lo puedo creer, era FLACA) y siguiendo porque directamente nunca me sentí linda. En el colegio era la que siempre elegían última en todos los deportes porque era malísima, en la adolescencia sentía que era una narigona fracasada, y ya de adulta me veo un poco mejor, pero siempre van a quedar vestigios de como me sentí durante la mayor parte de mi vida.

Una de las cosas que me hizo modificar la percepción de mí misma fue - aunque parezca extremadamente superficial - la rinoplastia que me hice a los diecisiete años. Harta de mirarme al espejo todos los días y odiar a mi nariz profundamente, un día me acerqué hasta el cuarto de mi madre y le dije, firme: me quiero operar la nariz. La respuesta que me dio fue totalmente inesperada. Me dijo que ella nunca nos había contado a mi hermano y a mí, pero que a los dieciocho se había hecho la cirugía porque toda la vida se habían burlado de ella por su nariz. Me sorprendió, porque a mí me pasaba lo mismo. Cada vez que estornudaba, mis compañeros de colegio gritaban "huracán", "terremoto" o "se viene el apocalipsis".

A los pocos días mi madre sacó hora para una consulta y cuando me quise dar cuenta, estaba enfrente del cirujano, quien me explicaba que le iba a dar una forma recta para que quedara natural. Eso fue un lunes, y ese mismo jueves estaba entrando al quirófano con una gorra, una especie de túnica y algo parecido a unas pantuflas, que parecían zapatos de duende.

A la hora y media ya estaba en mi casa, donde me esperaba Fabi, quien se quedaba a cuidarme esa noche y la siguiente. Conociéndola, y sabiendo que me iba a cuidar bien, le pedí por favor a mi madre que no le contara de la operación a ningún miembro de la familia. Lo que menos quería era que vinieran a verme como si fuera un animal de circo, y que me hablaran de estupideces mientras yo no me podía ni mover.

Cuando llegué, me tiré en mi cama y de lo sedada que estaba me dormí. Cuando me desperté, Fabi estaba acostada al lado mío, limpiándome la sangre que salía en forma de gotitas desde la nariz. Me sonrió y me dijo que me había traído helado. Me alegré porque no había comido nada desde las once de la mañana, una hora antes de entrar al quirófano, y eran como las siete de la tarde. Me sirvió un poco, se sentó al lado mío y me lo empezó a dar en la boca. En ese momento apareció el diablo (mi abuela) y se acercó a donde estaba el envase del helado. Lo examinó, giró la cabeza hacia donde estaba mi amiga y trató de llamar su atención, gesticulando.

- Disculpame, chiquita, pero no tiene sentido que se haya operado la nariz, si va a seguir así de gorda. ¿No se te ocurrió que tenías que traer light?