jueves, 5 de noviembre de 2009

Día 170 - Update

Aprovecho que Martín entró a bañarse para actualizarlos.

La noche de ayer fue espectacular. Comimos, nos dimos muchos besos, y dormimos juntos. Hoy, los dos faltamos a la facultad para quedarnos juntos toda la mañana, de tarde nos separamos un rato para ir a nuestos respectivos trabajos y ahora ya se vino de nuevo para acá. Pedimos comida, y la idea es comerla tirados en la cama.

Hace mucho que no me sentía tan bien. Siento que todo está donde debe estar. Y que, particularmente, nosotros dos estamos exactamente en donde siempre debimos estar.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Día 169 - Text me that you love me

De: Agustina
Para: Martín
"Necesito con suma urgencia que vengas a terminar lo que empezamos el otro día. Cuando te agarre, chiquito, te mato."

De: Martín
Para: Agustina
"Jajaja. No era que íbamos a tener algo que no fuera sólo sexo? Mirá que yo encantado de cumplir mi rol de semental, pero pregunto."

De: Agustina
Para: Martín
"Otro día. Hoy nos dedicamos a recuperar el tiempo perdido. Hace mucho que no tenemos una buena noche juntos. Echo a Fabián."

De: Martín
Para: Agustina
"Pobre. Pero sí, echalo. No te va a durar mucho la ropa puesta y dudo que tu hermanito quiera ver eso."

De: Agustina
Para: Martín
"Le voy a decir que se vaya a lo de un amigo. Compro burger king?"

De: Martín
Para: Agustina
"Dejá, yo compro cuando vaya para ahí. No soy divino?"

De: Agustina
Para: Martín
"Tampoco te la creas, eh. Jajaja, mentira. Obvio que sos divino, mi amor. Por algo te elegí como marido."

De: Martín
Para: Agustina
"Jaja, obvio. Yo también elegí bien. Nos vamos a divertir hoy. Mucho."

De: Agustina
Para: Martín
"No me cabe ninguna duda. Me querés?"

De: Martín
Para: Agustina
"Un poquito nada más. No te la creas. Jaja, mentira. Mucho. Vos?"

De: Agustina
Para: Martín
"Mucho. Mucho. Mucho."

martes, 3 de noviembre de 2009

Día 168 - Flashback: Los preparativos

- ¿Y del salón qué pensaste? - preguntó mi madre mientras yo miraba por la ventana.
- No tengo ni idea. No conozco salones.
- ¡Pero vos no tenés idea de nada! ¿Qué te pasa? ¿No te importa el casamiento?

La verdad era que no, no me importaba el casamiento. Para mí era un medio para llegar a un fin. Pero por supuesto que esto no se podía notar.

- Ay, mamá, no digas pavadas. ¿Cómo no me va a importar? Del vestido ya me estoy ocupando, pero del salón no tengo ni idea. El único salón que conozco es en el que hicimos mi bat mitzvah y la de Fabián, pero es demasiado grande.
- Invitamos ciento cincuenta personas para esas fiestas, tampoco es tan grande el lugar.
- Bueno, pero ahora van a haber, como mucho, cincuenta. Así que hay que buscar otro.
- Igual puedo averiguar si está libre, aunque no creo. ¿Por qué se les ocurrió casarse tan rápido? Yo no entiendo.
- Porque sí, mamá. No queremos hacer una fiesta enorme y tirar plata a la basura. Queremos hacer algo chico, tranquilo, y después irnos a nuestro departamento soñado. Para lo que queremos no es necesario esperar. Algún salón vamos a conseguir.
- Bueno, pero igual, armar una fiesta en un mes es una locura.
- A ver si te queda claro algo, mamá. Nadie te pidió ayuda ni opinión. Si querés buscar salón vos porque sabés del tema, genial, pero no opines sobre la fecha ni nada porque eso ya elegimos. Si te parece que un mes es muy poco tiempo para encontrar un lugar lindo, dejámelo a mí.
- No, no, yo busco. Andá a saber que se te ocurre a vos sino...
- ¿Qué dijiste?
- Nada. Que yo me ocupo.
- Genial.

La verdad es que yo no tenía idea de por donde empezar, pero no me molestaba mucho tampoco. Cada vez que mi madre se acercaba con propuestas, mi mente abandonaba ese lugar. En vez de su cara, pasaba a ver ese departamento que me había encantado.
- Es muy chico - dijo mi abuelo cuando me lo llevó a mostrar. - Igual para ustedes dos no está mal. Si algún día deciden tener hijos les regalo uno más grande.
- Gracias, abuelo, pero no va a ser necesario. Me gusta este.
- ¿No te parece muy chico?
- No, abuelito. Es perfecto.
Y para mí lo era. Era la perfección absoluta, la felicidad total. Ya me podía imaginar mi vida en esos cuarenta y ocho metros cuadrados. Sería un departamento mío, sólo mío. Viviría tranquila y en paz y no tendría que darle explicaciones a nadie.
Sin embargo, sabía que tampoco iba a ser tán fácil. El estilo de vida que había tenido hasta ese momento llegaría a su fin. El turno semanal con la masajista quedaría en la historia, al igual que hacerme las manos y los pies. Ya no podría comprarme ropa y zapatos seguido, ni llamar a mis amigas a Israel día por medio. Tendría que preocuparme por cosas en las que nunca en mi vida me había tenido que fijar. Tendría que aprender a organizarme para pagar cada una de las cuentas antes del vencimiento. La comida ya no estaría todos los días esperándome en la mesa, sino que la tendría que preparar yo. Con la ropa pasaría algo parecido, y con el orden del hogar también.

Sabía que iba a ser difícil vivir sola, pero no me importaba. Sabía, también, que para lograrlo iba a tener que pasarme un mes a dieta, buscando salones, eligiendo la comida, probándome vestidos, eligiendo colores de servilletas y centros de mesa, probándome zapatos, viendo a maquilladores y peluqueros, y visitando joyerías. Sabía que iba a tener que hacer todas estas cosas, pero tenía clarísimo que nada era tan grave como seguir viviendo en mi casa. Y eso era, para mí, lo único que importaba.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Día 167 - Te mato

El reencuentro con Martín decidimos festejarlo como se debe, lo cual significa entre las sábanas. La ropa empezó a volar y al rato ya estábamos tirados en la cama, recuperando el tiempo perdido. En un momento, yo estaba arriba de mi marido, cuando escuché el ruido de las llaves en la puerta. Por un segundo, me sentí igual que cuando estaba en casa vieja teniendo sexo con Martín y de repente escuchaba ruidos desde la cocina y se me paraba el corazón. Para evitar que Fabián se llevara una no muy agradable sorpresa, tuve que salirme de encima de Martín, acostarme a su lado y taparnos a los dos con la frazada.

Como el baño está adentro de mi cuarto, sabía que Fabián iba a tener que pasar por ahí y lo que menos quería era que nos viera desnudos a los dos. Sobre todo cuando él pensaba que su adorable hermanita se había quedado mirando películas sola como buena solterona. Por más que me hice la dormida cuando mi hermano pasó al baño, la situación me resultó incomodísima.

Después de que volvió al living, nos quedamos esperando a que se durmiera para continuar con nuestra tarea. Desgraciadamente, irse a dormir no estaba en los planes de mi hermano, quien se quedó mirando tele en el sofá hasta altas horas de la noche.

Después, alrededor de las diez de la mañana me desperté y me asomé al living para ver en que andaba Fabián. Se había quedado dormido en el sofá. Pensé en despertar a Martín, pero lo ví durmiendo tan plácidamente que me dio pena. Me desperté de nuevo a eso de las once y media y vi que mi marido seguía durmiendo. Se me ocurrió entonces que ya que estaba despierta podía aprovechar para ir a comprarle a Martín algo rico para desayunar.

Mi idea era llegar a casa, abrir el jugo de naranja y servírselo a Martín en un vasito. Agarrar un plato y poner las facturas, elegir otro para las galletitas y hacerle un café con leche en la taza que tengo para él. Tenía planeado poner todo esto amorosamente en una bandeja y llevársela a mi marido para que desayunara en la cama. Quería despertarlo con besos y decirle que estaba contenta con nuestra decisión de intentar tener algo más.

Sin embargo, cuando llegué me tomó un segundo ver que todos mis planes estaban arruinados. En la mesa del comedor estaban mi marido y mi hermano, los dos en boxers, desayunando juntos y charlando como si fueran grandes amigos.

Demás está decir que no hubo posibilidades de un mañanero. Cuando por fin agarre a Martín, lo mato. Y a Fabián también lo voy a matar, pero en un sentido completamente distinto.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Día 166 - Y que sea, lo que sea...

"Ya estoy en la mitad de esta carretera
tantas encrucijadas quedan detrás.
Ya está en el aire girando mi moneda
y que sea lo que sea."
Sea. Jorge Drexler.


La idea que tenía para mi noche de ayer era mirar películas y atiborrarme de chocolate hasta que me explotara la panza. Por desgracia, los planes que Martín tenía para su noche eran bien distintos , y me impidieron concretar los míos.

A las once de la noche, sonó el portero. Cuando pregunté quien era, mi marido dijo que venía a hablar conmigo. Rapidísimo, escribí el post, me cambié el camisón por un vestido y me peiné.

Cuando abrí la puerta, Martín me agarró fuerte la cara y me dio un beso largo.
- Qué linda que estás - dijo.
- Hasta hace dos minutos estaba impresentable - dije, y me reí.
- No creo.
- Te juro que sí.
- Bueno, ahora estás linda.
- Bueno, gracias - dije, y me senté en una silla del comedor. - Vení, sentate.
- Me siento. Bueno, mi amor, vine a hablar.
- Hablemos, entonces.

- ¿Qué hiciste hoy? - preguntó.
- ¿Qué?
- Te pregunté qué hiciste hoy.
- ¿No ibamos a hablar de nosotros?
- Vos me dijiste que en una relación era importante hablar, y eso es lo que vine a hacer.

Me quedé helada.
- ¿Y nosotros desde cuándo estamos en una relación? - pregunté extrañada.
- No lo estamos. O no lo estábamos hasta ahora. Depende de nosotros dos ver qué es lo que queremos.
- ¿Y por qué el cambio repentino de opinión?
- No sé por qué. Cuando no estoy con vos te extraño y si lo que vos querés para que estemos juntos es que yo me esfuerce un poco, creo que puedo hacerlo.
- ¿Pero esto no tiene nada que ver con lo de mi abuelo, no? Mirá que él se va a poner bien. Yo el otro día no quise hablar porque todo el almuerzo había sido mucho para mí. Pero no me corespondía posponer la charla y, mucho menos, pedirte que te quedaras conmigo.
- No, no te preocupes que es independiente de eso. Lo que pasa es que cada vez que me llamás para que te acompañe a un almuerzo o algo para mí es una excusa para verte. Y después de que te vi el otro día me puse a pensar en que no quiero necesitar excusas. Quiero verte cuando tenga ganas. ¿Entendés?
- Sí - dije, y sonreí. - Entiendo.
- ¿Y vos qué pensás? - preguntó.

Respiré hondo.
- Mirá, Martín. Por un lado, estoy re contenta. Veo que estás acá, que viniste a hablar conmigo porque yo te dije que me parecía importante, veo que tratás. Pero, por otro lado, me da miedo también. Es como que si empezamos algo en serio se va a responder la gran pregunta que tuve siempre de si nosotros alguna vez podíamos llegar a ser algo más o no. Si funciona, genial. Pero si no, me parece que después ya no va a haber vuelta atrás. ¿Entendés lo que te digo?
- Perfectamente.
- ¿Entonces? ¿Qué pensás sobre lo que te dije yo?
- Que sí, es verdad que va a marcar un punto de corte. Pero pienso que también es hora de que sepamos la respuesta. Creo que sino, los dos vamos a estar siempre pensando en que tendríamos que haber intentado.
- Sí. Yo no quiero quedarme con la duda de lo que podría haber sido. Así que si vos estás dispuesto a probar, probemos. A fin de cuentas, creo que nos lo debemos por todo el tiempo que estuvimos juntos. Darnos una especie de última oportunidad.
- Estoy de acuerdo. Y que sea lo que sea.
- Como dice Drexler - dije.
- Ja. Exacto.