viernes, 10 de julio de 2009

Día 61 - Correspondencia

Ayer le dejé una cartita al vecino:
" ¿Querés venir mañana a comer? Pido algo, pero pretendemos que cociné yo y me felicitás."

Le dije que viniera, rezando porque me contestara que mejor fuera yo a la casa, debido al hecho de que el estado de mi amado departamento es deplorable. Se ve que los planetas estan alineados a mi favor, porque su respuesta fue:
"Jajaja, vení vos mejor. Ando con ganas de hacer fondue, como la otra vez. ¿Qué te parece?"

¿Qué me parece? Espectacular me parece. Me alimentás, justo cuando ando corta de plata. ¡Y encima me preparás fondue! Sos lo más, Sebastián.
Escribí otra notita y le dibujé una carita feliz. Subí, y la pasé por abajo de la puerta:
"Genial, pero otro día te invito yo. ¿A qué hora?"

Al rato recibí su cartita, con un corazón dibujado.
"Venite a eso de las diez. Y no traigas nada para el postre porque hago fondue de chocolate. Me divierte darte las frutillas en la boca. Te espero."

Y a mí me divierte que me las des, divino. Y me gusta que nos mandemos cartitas. Y me gusta que me cocines. Y me gusta que me invites a tu casa. Y me gusta que seas lindo. Y me gustás vos. ¿Sabés, vecinito? Creo que si no estuviera casada, me casaría con vos.

jueves, 9 de julio de 2009

Día 60 - One, two, three, floor

Ayer me decidí a intentar limpiar el departamento de una vez por todas. Leí todos sus comentarios y armé una lista con todas las cosas que tenía que comprar en el supermercado. Bajé, hice el surtido y volví.

Después, volví a leer los comentarios y anoté paso a paso lo que tenía que hacer. Agarré la hoja y la llevé conmigo, como si fuera una receta y yo estuviera preparando algo. Seguí paso a paso las instrucciones que me dio Sol. Arranqué por la cocina (el artefacto), limpié el interior. Lo hice más o menos, tampoco para tanto. Metí un poco la esponja adentro, la moví por ahí y chau. Suficiente. A lo que le presté un poco más de atención fue a la parte de arriba, donde están las hornallas, porque a fin de cuentas es lo único que uso. El horno lo usé una sola vez desde que me mudé, y ni siquiera logré un resultado decente. Fue el día que vinieron mis padres, que intenté hacer papas noisettes. Sin éxito, por supuesto.

Después me dispuse a limpiar el piso, pero no supe mucho lo que hacer. Agarré un trapo, lo tiré al piso con un poco de poett, y encima puse el coso ese que se parece a una escoba. No sé como se llama, es negro. Hice lo que pude, pero se ve que no me salió muy bien, porque a medida que limpiaba se iban marcando las huellas de mis chatitas en el piso y supongo que eso no tiene que pasar. Igual algo lo limpié, así que me felicito. Y les agradezco a ustedes por sus consejos, of course.

Antes de pasar al baño, decidí descansar porque ya había sido demasiado para mí. Me preparé un café con leche, leí blogs, y me pinté las uñas de los pies. Descalza, volví a la cocina a buscar algo para comer, lo cual fue un error total porque el piso seguía mojado y me caí de culo.

Estuve tirada en el piso diez minutos sin poder parar de reírme, y pensando en que si alguien me hubiera filmado, yo misma me reiría mirando el video una y otra vez. En fin, ahora tengo un machucón en la nalga derecha. Espero que al vecino y a Martín les parezca sexy (?).

Al baño nunca llegué. Y el culo me sigue doliendo.

miércoles, 8 de julio de 2009

Día 59 - Plegaria

Bendito seas Tú, que tienes todas las respuestas y todo lo sabes.
Hoy recurro a Tí porque necesito tu ayuda y sabiduría.
Me encuentro perdida, no sé que hacer y necesito que actúes como mi guía.
Tú, todopoderoso, eres el único capaz de ayudarme ante tan difícil situación.

Bendito sea tu poder superior.
Todos recurrimos a Tí en momentos de desesperación y Tú, alabado seas, siempre tienes la respuesta justa.
Sé que tienes millones de solicitudes por día, pero por favor, préstame atención.
Estoy en un momento de incertidumbre y preciso tu ayuda.

Bendito seas Tú, que estás en el cielo y en la tierra.
Eres onmipresente y omnisciente.
Y por saberlo todo es que sabes, que eres a quien todos recurrimos en tiempos de necesidad.
Y nos brindas tu conocimiento para que sepamos lo que debemos hacer.

Ya no aguanto más esta situación.
Así que te ruego que me ilumines con tu sabiduría.
Y, por favor, me muestres el camino a seguir.

Dime, querido Google. ¿Cómo hago para limpiar el baño y la cocina?

martes, 7 de julio de 2009

Día 58 - Elección

Cuando mi abuelo me regaló el auto para mi cumpleaños de dieciocho, también me dio un cheque para que tuviera plata para mantenerlo por más o menos tres años. Según mis cálculos, ese dinero me iba a durar más o menos hasta setiembre de este año, porque más allá de que alguna vez lo usé también para comprar ropa o zapatos, venía gastando relativamente poco.

Con el cheque abrimos una cuenta, de la cual yo iba sacando plata por medio de una tarjeta. Cada gasto que tenía (generalmente del auto, pero también alguno eventual) se arreglaba con la autocard, como le digo yo. Sin embargo, ayer me pasó algo muy extraño en la estación de servicio.
- Señorita, su tarjeta fue rechazada - me dijeron.
- ¿Qué? No, tiene que haber un error. Probá de nuevo por favor.
Me quedé esperando, sin entender la situación.
- No hay ningún error, acabo de confirmarlo.
Lo miré extrañadísima.
- Qué raro. Bueno, después averiguo que pasó. Te pago en efectivo.

Justo ese día tenía, pero a veces ando con poca plata. Menos mal, no saben la vergüenza que pasé. Cuando llegué a mi casa llamé a papá a su oficina para preguntarle, porque es él el que maneja la cuenta.

- Hola?
- Papi, soy yo.
- ¿Cómo estás, princesa? - preguntó.
- Bien, salvo por algo que me pasó recién. Me rechazaron la autocard en la estación de servicio.
- Ah, sí. Pensé que estabas llevando la cuenta. ¿No sabías que se te acabó esa plata?
- ¡¿Se me acabó?! Pero si hace unos meses todavía me quedaban mil quinientos dólares!
- Sí, pero los fuiste gastando. Pensé que tenías todo anotado.
- ¡No! O sea, sabía que no me quedaba mucho, pero nunca me imaginé que no me daba ni siquiera para cargar nafta! ¿Por qué no me avisaste antes?
- Para que no te amargaras. En verdad, mi amor, se te acabó hace rato. Yo te puse algo más de plata para que te manejaras un tiempo más. Si querés lo vuelvo a hacer.
- No, no. Pero te juro que no entiendo, ¿cómo se fue tan rápido? ¡Yo pensé que me duraba hasta setiembre!
- Sí, pero tuviste gastos que no esperabas. Acordate que hubo que cambiar la batería, que rompiste uno de los espejos y hubo que comprar otro. Sumale los arreglos de los choques, y cuando se te quemó el farol.
- Los de los choques fue hace tiempo, como cuando le puse los neumáticos nuevos en seguida que lo compré. Y lo otro fue reciente, sí, ¿pero cómo fue que me gasté todo?
- Y...también tenés otros gastos en los últimos resúmenes. Compras en Zara, Levi's, etc. Yo te dije que llevaras todo anotado. Futura economista, ¿cómo puede ser que no hayas llevado la contabilidad?
- Ay, papi, no sé. Estos últimos meses fueron una locura con todo lo del casamiento, pero no sé como no me di cuenta.
- Mi amor, no te preocupes. Dejame ponerte algo más, aunque sea para nafta.
- No, dejá. No tenés por qué, ya no es tu responsabilidad mantenerme.
- Ya sé, pero siempre vas a ser mi chiquita.
- No, en serio. No me hace falta. O sea, pensé que tenía la plata y me sorprende que ya no quede, pero igual tengo.
- ¿Segura?
- Sí, sí.
- Bueno, cualquier cosa me decís.
- Sí, pero no te preocupes. Te dejo que tengo que corregir unos tests.
- Dale, mi amor. Cualquier cosa me decís. Te quiero.
- Yo también, pá. Besos.

Cuando corté, me quedé sentada en el colchón sin saber que hacer. ¿Cómo puede ser? Es verdad que en los últimos meses había hecho algunas compras innecesarias, y es verdad que muchas cosas en el auto empezaron a fallar. Pero no sé, nunca pensé que me iba a durar tres meses menos. Y la verdad es que el panorama se me complica.

Con mi sueldo de profesora de inglés no hago mucho. O sea, ahora estoy viviendo de la plata que me dio mi abuelo para este primer año, pero si a esa plata le tengo que descontar los gastos del auto (que no son pocos) me va a durar bastante menos.

Por ahora voy a esperar un poco, pero si veo que las cosas se ponen difíciles lo vendo y a otra cosa. Pobre mi bebé, como me encariñé con él! Pero bueno, no se puede tener todo y cuando decidí mudarme supe que ya no iba a poder tener el estilo de vida de nena rica que tuve durante toda mi vida.
Si pienso en términos de costos y beneficios, prefiero mil veces estar en este departamento que viviendo con mis padres. Casarme para irme a vivir sola fue mi elección, y creo que hice lo correcto. Y eso es lo importante.

A fin de cuentas, capaz que no me viene tan mal que La nueva María no esté por tres semanas. No es mucha plata la que ahorro, pero todo sirve. Y ya de paso, me veo obligada a aprender de una vez por todas, a manejarme por mí misma. Sin papá, ni mamá, ni María.

lunes, 6 de julio de 2009

Día 57 - Pequeño detalle

Les confieso que después de la conversación con mis compañeras estaba tentadísima a elegir a Sebastián, y lo haría, salvo por un pequeño detalle que ellas desconocen: Martín es mi marido.

Lo mío con él en la realidad es sin compromisos, eso está hablado, pero nunca me imaginé que me iba a llegar a tener que sentar en frente de él a decirle que conocí a alguien más. No sólo que no es una situación fácil, sino que en mi caso está agravada por nuestro supuesto matrimonio. ¿Qué pasa si me dice que no me quiere ver nunca más? ¿Qué hago yo si surge algún compromiso familiar al que tenemos que ir como marido y mujer?

Cuando le propuse lo del casamiento, en ningún momento se discutió esta situación. Supongo que, de alguna manera, pensamos que íbamos a seguir juntos y que no iba a haber necesidad de establecer reglas. Sin embargo, aparece ahora este "vacío", esta situación que nunca fue discutida y ante la cual no sé como reaccionar.

Según mi amiga Clara, Martín tenía un punto por ser mejor en la cama, y Sebastián otro por ser quien ocupaba mi cabeza la mayoría del tiempo. Se terminó inclinando por mi vecino para que yo le diera una oportunidad, terminando con una puntuación de dos a uno a favor de Sebastián, pero no sabe que las cosas son en realidad un poco más complicadas. Martín es mi marido, lo cual le suma otro punto. Así que vuelve a haber un empate: dos a dos.